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dimarts, 19 de gener del 2016

Por qué tener una rutina es importante



Desde siempre he tratado de imponerme nuevas y creativas rutinas que consideraba me ayudarían a ser mucho más productiva, y por ende, existosa. Desde bien chica, veía una película, leía un cuento o, más habitualmente, veía un capítulo de alguna serie de adolescentes californianos en los que la resolución de un personaje y su puesta en práctica le proporcionaba maravillosos resultados (aventuras y éxito social y amoroso).
Yo copiaba esa resolución, adptándola con grandes esfuerzos y resignación a mi realidad. Después, ilusionada, se la mostraba a mi madre, quien rápidamente me cacheteaba con su cheque de realidad, tras lo cual mi nueva rutina se sometía a un nuevo ajuste. Ese mismo día intentaba llevarla a la práctica. Ante la nula colaboración de la vida real, me volvía a dar cuenta, sumamente frustrada, de que tendría que re-re-reajustar mi nueva costumbre. 
Al día siguiente, ya la había olvidado por completo. Era demasiado duro convencer al mundo de mi genial idea.
A veces convencía a una amiga para que se sometiera conmigo. Cuando eso sucedía no era necesario salir de mi habitación. Con la puerta cerrada, el mundo interior era ideal para llevar a cabo mi propósito. Pero ese mundo tenía un horario fijado para el apocalipsis: cuando venía la mamá de mi amiga a buscarla. De nuevo. al día siguiente, todo el trabajo caía en el olvido. Lenguajes secretos, señas encriptadas, insignias, clubs, deportes, murales, cartas, coreografías, pulseritas de hilo, frascos de sal coloreada, servicio de peluquería y maquillaje, diseño personalizado de atuendo, etc.
Cabe aclarar que, durante la semana escolar, también es difícil de mantener un objetivo que fue creado un sábado. Ni decir que en la escuela no había lugar para ningún proyecto que implicara más dedicación que los veinte minutos del recreo.

Supongo que por eso, no sé si a causa de eso, pero de seguro sirve como importante precedente, es que hoy día me cuesta tanto continuar una nueva, saludable, mejorosa resolución new age-contable-dieta, etc, etc
Sigo el mismo método que jamás me funcionó: cuando la idea viene a mi, la pienso, la anoto, la dibujo, busco información, la planifico, me hago con los materiales necesarios, me pongo carteles y recordatorios, hago a mis allegados partícipes de mi nueva decisión de vida, me acuesto feliz y orgullosa por la elección que tomé, y al día siguiente... al día siguiente el Sol sigue saliendo por el este. 

Supongo que me olvidé de contarle al Sol que a partir de hoy todo iba a cambiar.


dilluns, 31 d’agost del 2015

Hoy no te quiero extrañar más.

Hoy te diría que ya no te extraño, que a penas te recuerdo, y que ya sólo me acuerdo de los momentos lindos, porque de los tristes ya me desprendí.

Pero no es así.

Hoy te diría que los años juntos no fueron en vano, que a pesar del dolor de la separación me queda un lindo aprendizaje, que el tiempo que invertí en ti no fue tiempo perdido.

Pero no es así.

Hoy te quiero odiar. Quiero decirte que te extraño, que extraño nuestra vida juntos, que permanece tu forma en el sofá y en mi corazón. Que aún no llegó quien lo deforme y lo adapte a un nuevo inquilino.

Pero no es así.

Hoy mis amigos me dicen que estoy mejor que nunca. Que estoy brillante, más guapa, más alegre, más graciosa. Que me saqué una sombra de encima, que la libertad me hace bien.

Pero no es así.

Hoy te digo que no me siento, que no me hallo. Que mi nuevo yo está incómodo en este sofá de una plaza con olor a nuevo que no elegí.

divendres, 20 de març del 2015

El día de mi 32 cumpleaños, en que no cambió nada



El día de mi 32 cumpleaños, en que no descubrí nada.


Me levanto de la cama como un día más. Mi novio me abraza y me dice por cuarta o quinta vez “feliz cumple”. Me pregunta cuáles son mis planes para hoy: trabajar. Nada muy loco, nada fuera de lo habitual.

Me fijo en el horario de clases del gimnasio, tal vez me quiero dar un homenaje de auto cultivo del cuerpo, decirme que como hoy es mi día me voy a dedicar a sentirme más flaca, más sana, a ver si hay alguna clase de zumba para al menos bailotear un poco. Nada. Las mismas clases que el viernes pasado. Obvio, no va a haber una agenda especial por ser mi cumple.
Me ducho. Me pongo mi poyera favorita, la más larga y holgada, se podría decir que la misma que uso prácticamente todos los días desde que empezó el verano. Y hoy puede convertirse también en la que uso desde que empezó el otoño.
Libero mi escritorio de las capas de mugre que acumulo sobre cualquier superfície plana en mi rincón de la casa, porquerías varias, la mayoría de las cuales terminan siendo depositadas en otra superfície plana de la habitación.
Cenaré en un lugar lindo con mi novio y un par de amigas empeñadas en acompañarme hoy por mi cumple. Se lo agradezco a los tres. Lo mismo de cada viernes, casi, pero hoy es mi cumple.
No espero regalos. Cuando era chiquitita le decía a mi mamá “Felicidades mama”, y eso yo ya lo consideraba EL regalo. Total, ella es la madre, y su roll es el de encargarse de los regalos de la familia, el mío es el de darle un beso y hacerle un dibujo. Hoy yo no soy madre, y mi regalo es un “Feliz cumple amor” con un abrazo y un beso, y un “hoy es tu día, vos decidís qué querés hacer”. La verdad es que siempre decido qué hacemos, sea 20 de marzo o sea cualquier viernes del año.
Satisfactoriamente siento un profundo sosiego, paz, tranquilidad, cero ansiedad. Gracias al pedacito de alprazolam que sabiamente me tomé anoche antes de dormir. Una de las cosas buenas que tiene la edad es el poder acumular un fondo de botiquín para cuando se te resfría el cerebro. Y la sabiduría y tranquilidad de poder utilizarlo sin drama, como cuando uno se pone protector solar antes de ir a tomar sol, simplemente porque sabe lo que pasaría si no lo hiciera. Así que me tomo mi cuartito de aceprax y hoy me siento con la garantía de estar bien.
Como decía, en mi 32 cumpleaños no espero regalos, porque sé que ya tengo de todo y en casa no hay lugar para más trastos. Pero sí los deseo, extraño la emoción de rasgar un envoltorio misterioso que esconde una sorpresa. Cuando sos grande no te envuelven los regalos. Te los dan en la bolsa de la tienda donde fueron adquiridos y te dicen “Feliz cumple, dentro está el ticket de cambio”. Ser grande te enseña que por muy considerado que parezca quedarse con los regalos que no te gustan, porque se valora más el gesto que el objeto, la verdad es que es un desperdicio de plata y no hay nada de malo en cambiarlo por algo que sí vayas a usar. Ser grande también es ser práctica. Si hoy me preguntaran qué quiero que me regalen, sea lo que sea, respondería que quiero que alguien venga y me limpie la casa a fondo. Ése sería mi mejor regalo hoy.


Este texto no tiene conclusión ni moraleja. 

diumenge, 14 de juliol del 2013

Crónica de un domingo a la tarde.


Crónica de un domingo a la tarde

Los últimos sucesos predecían que ésa no iba a ser una tarde de domingo cualquiera. La sucesión de acontecimientos de las últimas semanas, los sueños de Virginia, intuiciones y coincidencias, que ella bien sabía que no tenían nada de casual, le vaticinaban una tarde de las más vertiginosas, febriles, casi apocalípticas.

Los minutos pasaban, acelerados, impulsados por un frenesí inaudito. Virginia miraba estupefacta su reloj de aguja, que le devolvía una mirada perdida, esquizofrénica; la de un reloj que hacía tiempo había perdido la noción de la realidad. Un reloj sin alma, sin conciencia del tiempo, ni presente, ni futuro, ni circular.

Si Virginia, con un esfuerzo titánico, lograba por una fracción de segundo (una fracción cada vez más relativa) acallar las voces de su cabeza y se concentraba en un ficticio y efímero silencio imaginado por ella, podía escuchar su propio pulso en sus sienes transpiradas.

La incertidumbre y a la vez la certeza de lo que estaba por venir, la excitaban de una manera como nunca antes había experimentado, ni siquiera en sus más bizarros y drogados sueños. Por primera vez, la imaginación de Virginia se había quedado corta. Por primera vez era incapaz de dilucidar lo que iba a pasar.

La electricidad en el ambiente se sentía como un cosquilleo continuo, casi un zumbido. Torpe (su perro) hacía horas que dormitaba en el sofá. ¿Dormía o estaba muerto? ¿horas? ¿o recién acaba de acostarse? Mirar el reloj era inútil para Virginia, ya nada medible tenía sentido ni referencia en esa tarde de domingo, en que todo estaba a punto de cambiar.

Virginia temía levantarse de la silla y perder el conocimiento. No sabía si tenía la tensión alta o baja, si le dolía la cabeza o el pecho, las sensaciones en su cuerpo, que estaba por dejar de ser, se sucedían en una celeridad mezclando todo lo que veía con todo lo que olía y con todo lo que sabía.


Fuera lo que fuere que estaba a punto de suceder, Virginia lo esperaba con los brazos abiertos. Estaba preparada, y lo estaba deseando. Era cuestión de segundos, se decía, pues ella lo veía todo a través de los ojos de su futuro. Era cuestión de segundos.
Por fin, ALGO estaba por suceder y sacudirla y convertirla en un nuevo ser y transportarla a una nueva realidad, donde por fin y para siempre, nada iba a ser predecible.

dissabte, 19 de gener del 2013

30 días para los 30 (III)





Me pongo manos a la obra para llegar a los 30 lo más parecida a Rachel Green. Salvando las distancias económicas que facilitan que ella pueda llevar las mechas perfectas, las raíces al día y que, muy a pesar de la plata, algo evidente y que no tiene arreglo, es que ella no salió del mismo útero que yo.

Me dispongo a diseñar un plan que yo llamo “Divina o muerte, y solvente”: dieta, ejercicio, y, lo más importante, una extensa biblioteca de libros de auto-ayuda en pdf e impresos en la oficina.

A mi edad (expresión que indica que ya empiezo a aceptarla, aprecien una evolución) una ya está de vuelta de dietas… me las conozco todas, y al final después de empezar tantas como lunes tiene el año, siempre llego a la misma conclusión: Tal vez no será la más efectiva pero sí la más divertida, mi dieta favorita es la del cucurucho. Y punto.

Tengo asumido que los carbohidratos son más malos que el hijo de Hitler con Bin Laden y los reconozco fácilmente, así como un catálogo de alimentos cargados por el diablo de los que inclusive te digo a grandes rasgos la cantidad calórica de maldad que contienen por porción. Nada despreciable en alguien que jamás se aprendió ni de pedo la primera fila de la tabla periódica.

Hace tiempo que para mi las papas pasaron a llamarse carbohidratos, la carne proteínas, la verdura fibra, el aceite grasa, y el cacao en polvo… la razón de vivir.

Las modas también afectan a las corrientes alimenticias, es por eso que la leche a veces es buena y a veces es cancerígena, la soja a veces es sana y a veces es un nido de pesticidas, el huevo a veces es beneficioso y a veces es la fuente de la que brota el colesterol mundial, el aceite de oliva a veces es gourmet y a veces es peor que si lo sacaran de la grasera de un McDonalds.

Así, todo lo que me queda es chupar un cubito de hielo. No engorda, no produce cáncer y no atenta contra la vida de ningún animal (al menos que se haya comprobado por el momento).

Gracias a los libros de auto-ayuda asumí qué tan importante son los aprendizajes de la infancia y cómo repetimos los patrones adquiridos durante los primeros años de vida. Eso me llevo a idear un nuevo sistema para cumplir con la dieta:
Una grabación de voz que se activa cuando abro la heladera, y me espeta: ¡¡¡A la boca no que es caca!!!

Si alguien se anima a probarlo, le sugiero que pida a su madre que le ponga la voz a la grabación. Tal vez no pierda peso pero la regresión promete ser un auténtico viaje.

(Continuará)

dijous, 10 de gener del 2013

30 días para los 30 (II)





A los 30, yo me imaginaba habiendo hecho una serie de cosas que la sociedad te empuja a pensar que deben ser así, y para las que sin chance de rectificar, me acabo de dar cuenta de que ya estoy tarde:  la depilación definitiva, un blanqueamiento dental y un brushing progresivo. Parece fácil, no lo es.

La depilación definitiva: Para la que paradójicamente te tienes que comprar cuponeras, o sea, que no se sabe a partir de qué momento empieza a ser definitiva, pero ellos ya le pusieron así el nombre, de puro márketing no más.

Aprovechando las ofertas de Woow, he andado mostrando la cotorra por cuantos centros de “estética” (dígase de cualquier centro de placer sadomasoquista femenino contemporáneo) se hayan publicado en Pocitos y parte del extranjero. Sin embargo, unos incipientes pelitos me indican que cumpliré los treinta y me seguiré depilando. ´Definitivo´ será el día que mande a la luz pulsada a la mierda, me haga hippie y me deje crecer las barbas cual novia de Gimli.

El blanqueamiento dental: que parece ser la Meca de las dentaduras sanas, ya que, siempre que me fui a interesar por uno de esos tratamientos, me descartaron por tener principio de caries (siempre son “principios de…”, creo que mis caries son tan inmaduras como yo y nunca llegan a su plenitud como tales, porque todos los años están en “principios de”), raíces ligeramente expuestas, y las encías levemente inflamadas. Todo es “principio, leve o ligeramente”, o sea, ni tan tan como hacerme un tratamiento, ni tan poco como hacerme el blanqueamiento… Y yo sigo con los dientes amarillos.

El brushing progresivo, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en el nuevo “enlarge your pennis”. Cientos de e-mails spámicos a diario llegan ofreciendo un pelo más liso que el de un japonés almidonado, y yo, que he visto como amigas y compañeras se lo aplican, siempre llego a la misma conclusión: dura dos días, pero tú tienes que seguir usando los productos específicos durante el resto de tu vida lacea.

Acondicionador para el pelo quemado, graso, quebrantable, liso, ondulado, muy rizado, seco, castigado, teñido, permanentado, planchado, anticaída, con caspa, sérum, crema, crema de 3 minutos, de 1 minuto, nocturna, para peinado, anti friz,… ¿Dónde quedaron los tiempos del “Wash&go” Lavado y listo? – Qué poca visión de mercado la de estos señores, quién iba a pensar que a nosotras, imberbes, nos pueda gustar solucionarlo todo con un potecito 2 en 1, y ¿qué hacemos con el resto de las repisas del baño? Tanta superficie libre se nos llena de polvo…

(Continuará)

dissabte, 5 de gener del 2013

30 días para los 30




30 días para los 30.


La ficha me cayó viendo Friends. Lo cual en sí ya denota una edad. Porque no te puede caer la ficha de los 30 viendo Hanna Montana y escuchando One Direction. O sí, lo cuál sería mucho peor y más que dar para una crisis daría para un suicidio rápido e indoloro.

La crisis de los 30 tampoco te puede llegar viendo Sex & the City. Con Sex & the City más bien desearías ser una norteamericana aria judía de alrededor de 45 años. Serie donde supuestamente rompen “todos los tabús respecto a la libertad del sexo femenino” pero en 6 temporadas de 20 capítulos (excepto en la 5ª, en que Sara Jessica Parker se queda embarazada, y se queda en 8 capítulos)  no se menciona una sola vez el herpes genital, así como un abanico importante de enfermedades venéreas que estas señoras divertidas y desinhibidas seguramente hayan podido contemplar y no precisamente a través del escaparate de Manolo Blahnik.

Pero volviendo al tema en cuestión, el susodicho trance tampoco te podría agarrar viendo MacGyver en TCM (ésa más que ninguna otra denotaría una edad). Sin embargo las series de la infancia tienen algo que te desconectan de la realidad, te llevan a aquella época en que por primera vez viste a Richard Dean Anderson corriendo por las calles de un supuesto Pais Vasco tan atestado de terroristas como de encierros taurinos. Aquella época en que los 30 era la edad que tenían la mayoría de tus profesores VIEJOS, aquellos que estaban casados y con hijos…. Hijos capaz que hasta de tu edad, ¡puag!, profesores que podrían ser tus padres pero que no te imaginabas teniendo una vida fuera de la escuela…
La puta crisis tampoco te puede agarrar viendo Bola de Drac (Dragon Ball) en internet. Ahora que es hasta cool encontrar alguna remera con alguno de los personajes (diosa salve a Amancio Ortega y sus secuaces), reviendo Parker Lousie can´t loose, o tarareando la canción de los Osos Gummi.

A mi los 30 me sorprendieron cual porrazo de Mosso jugando al cagatió, mientras veía como una Rachel Green (Jennifer Aniston ya muy pasada de los 30, pero por diosa que yo hubiera querido estar así a los 25) amanece profundamente deprimida en su 30º cumpleaños, con un pelo perfecto, un novio pendejo perfecto, unos amigos perfectos, y un trabajo perfecto (me perdí el capítulo en que pasa de trabajar de moza a ejecutiva de Ive Saint Laurent, ¿alguien me lo pasa?), porque se da cuenta de que cumplió 30 años y no hizo nada de todo eso que ella había planeado en su pasado, para su futuro, ahora, su presente.

Y yo, que lo único que quería era encontrar algo gracioso en la TV para evadirme un poco, recién llegada de la oficina, con una coleta flúor mal agarrada, el maquillaje por el piso, descalza y con el botón del pantalón desabrochado desde el ascensor, porque la retención de líquidos sigue siendo un problema que el día que se resuelva abastezco a media región sub-Sahariana.

Y es ahí, justo en ese preciso momento, riéndome ajena a todo, en que por una fracción de segundo, esa conversación subtitulada me suena en algo familiar, y echo cuentas, corroboro, confirmo y certifico que tengo 29 años, que estoy más cerca de los 30 que de los 28, MÁS CERCA DE LOS 30 QUE DE LOS 28, y no hay “tip” de la Cosmopolitan que me diga cómo maquillarme ante tremenda revelación.



(Continuará...)

diumenge, 26 d’agost del 2012

Por qué





Y por qué no puedo decir las cosas, por qué no puedo decir lo que pienso, por qué mi voz lastima, por qué mis dientes son un filtro de lo que quiero. Por qué sueño y grito y vuelvo a gritar en mis sueños, por qué no se los quiero contar a nadie,  por qué callo lo que siento, por qué habla mi estómago y por qué no habla mi boca. Por qué si abro la boca lanzo patadas, por qué mis pies siguen anclados al piso. Por qué mi cabeza es mi jaula, por qué me tragué la llave, por qué no quiero dártela, por qué quiero publicarla, por qué me protejo y me torturo, por qué me reto y me castigo: niña mala, niña mala, eso no se come, eso es caca, cortala, cortala.

divendres, 10 de febrer del 2012

Me gusta tu perfil, me gustas tú.




Hace poco me contaban sobre la experiencia de un joven que había decidido por motu propio prescindir de su celular y las redes sociales por tres meses. El joven culminaba su experimento con conclusiones “sorprendetes” (al menos para alguien de su generación, y con este paréntesis ya se vé venir por dónde va el contenido de este texto): El joven había descubierto que tenía cantidad de tiempo libre, vió que aquellas personas que realmente se preocupaban por él, se esforzaron por mantener el contacto y la relación usando los medios obsoletos del s. XX, vió más seguido (en persona) a amigos y familiares, etc.

Honestamente, de todo esto, yo la conclusión que saco es: ¡Qué ternura de chaval! Lo que para su generación es toda una hazaña rompe estándares, para mi es hacer una regresión a mis, por lo menos, primeros 18 años (ok, ponle que de entre los 10 y los 18, ya que de los años anteriores cada vez me acuerdo menos, y peor). Pero tranquilos, ésta no es una trillada reflexión sobre lo rápido que pasa el tiempo y lo poco que valoran las nuevas generaciones el no haber pasado por una guerra… Mi indignación viene más por otro lado.

Viví mis primeros 25 años en una ciudad donde, en los últimos 10 años, cualquier punto te queda a 20 minutos en metro. Y en un país donde las “zonas rurales” son tan escasas que caben todas en un reportaje labordetense de 20 minutos. Sin embargo, ante mi recurrente reclamo de reunión social, el comentario que la abajo firmante más habitualmente escuchaba últimamente era: Es que tú nunca te conectas.

Buscando una mejor calidad de vida (parafraseando a mi amiga) me fui a conocer gente que realmente “se conectara” con otras personas, sin cables ni computadoras, me fui a donde no llegó la fibra óptica, ni la electricidad, pero donde, para mi decepción, siempre había una BB.

Dicen que los jóvenes crecen cada vez más rapido, empiezan a relacionarse en la pubertad (sí, a coger) y yo me pregunto: ¿dónde lo aprendieron? ¿Dónde aprendieron a coger si lo más cercano que han estado de una relación es un muro (¡¡¡que ni si quiera se parece a un muro!!!) y lo más parecido a acariciar sinquererqueriendo ha sido marcar un “Me gusta” o “dar un toque”? ¿Cómo saben por dónde hay que meterla si no es por un puerto usb? Si se piensan que los amigos se cuentan por centenares, y son todos aquellos que te felicitan por tu cumple porque un aviso, arriba a la derecha de la pantalla, les dijo que (según los datos que ingresaste y que nadie verificó) es tu cumpleaños. Se piensan que de verdad no tienes canas ni arrugas, que luces igual que en tu cumpleaños de quince, y que si dejas de “postear” por unos días “estás desaparecido”.

Supongo que aquí la desfasada soy yo, porque todavía leo libros de papel (qué poco eco-friendly), cargo con una agenda (también de papel) y me gusta llamarte por teléfono y disfruto de saber que yo sí tengo tu número y lo puedo hacer.

diumenge, 15 de gener del 2012

I am normal



Montevideo 15 de enero de 2012.

Crecemos viendo teleseries (en su mayoría yankis) que nos educan en que hay que despreciar lo mediocre para ser especiales, porque ser especial es lo mejor.

Lo mejor suele ser descrito como: fuera de serie, único, excepcional,… Y nos convencen de que en la vida tenemos que dejarnos la piel para lograr siquiera acercarnos a la maravillosidad de sentirnos, por un momento, los mejores, y por ende, especiales. Pero, ojo a la letra pequeña, no basta con que una se sienta especial, ni si quiera varias veces al día, tienen que sentirlo los demás y también tienen que reconocerlo públicamente, sino no eres más que una común vanidosilla con aspiraciones.

Cuando me piden que me defina, mi respuesta es siempre la misma: normal. “Pero, defíneme normal en tus palabras”. Bueno, en mis palabras y en las de cualquiera, normal significa NORMAL. Incluso en inglés, la más internacional de las lenguas (mientras en secundaria no enseñen chino como segunda lengua) se escribe igual, N O R M A L.

Normal es que sea histérica, en esos momentos del mes o de la vida (normalmente cuando a él más le jode), histeriqueo. Normal es que no soy una mujer hollibudiense, ni mucho menos de autor, más bien soy de película de domingo a la tarde. Normal es que no entallo en nada, porque (¡oh diosas del diseño!, acá una revelación) ¡mi cuerpo tiene varias tallas a la vez! y a veces hasta cambian dentro del mismo día (ni te cuento después de las 6pm en verano). Normal es ponerme triste cuando alguien me trata mal, y ponerme contenta cuando alguien me hace sentir querida, y si pasa dentro de la misma hora, sí, es normal estar triste y contenta con unos minutos de diferencia. No soy aNORMALmente inteligente, sólo retuve todo lo que aprendí hasta el bachillerato. No soy acomplejada, simplemente no evidencio lo que no me gusta de mí (¿no es normal?).

Seamos realistas, en una fabricación en serie, lo que se sale de ella no sirve, se aparta y se tira. Lo único se margina, y lo excepcional se valora por lo efímero de su existencia (a veces hasta con esperanza de que realmente no se vuelva a repetir).

Si fuera ideal no existiria, si fuera el producto de tus deseos, no escribiría esto.

Así que, estimad@s, mi recomendación como ser mediocre asumido, es que cada mañana, cuando se miren al espejo, se digan tres veces: “Gracias (Dios, mamá o súper ente de su elección) por hacerme normal”. Probemos, y quizás así nos sorprenderemos al ver lo frecuentemente especiales que somos.

dijous, 13 d’octubre del 2011

Reina ideal

Montevideo, 13 de octubre de 2011.

Terminando de castigarme. Arrancamos con el vino, son 18:35h en el reloj de la compu. Un dia nada productivo, según los estándares de lo políticamente correcto. Un dia muy provechoso según los mios.

Atracón de bizcochos, dos cafés de sobre, y presiesta de tres horas. Obviamente, después de tres horas se convirtió en Siesta, y.

Almuerzo un plato de puro carbohidratos (sí, también hablo así porque vivo a dieta), o lo que viene a ser para el pueblo llano, un plato de macarrones con queso. De postre, los ojitos que no me pude terminar de mañana. ¡Y sí, escribo con cola de paja! Y mientras, miro la copa de vino, que está demasiado frio.

Quiero agradar a todo el mundo, y termino desagradando a la persona que más me importa y la única de quien tengo la certeza que me va acompañar hasta el final: yo misma.

“Tal vez debiera moldear mi pelo

Tal vez debiera agrandar mi pecho

Tal vez debiera esculpir la cintura

Tal vez debiera tachar mis arrugas

Tal vez debiera comprar otra ropa

Tal vez debiera vestir a la moda

Tal vez debiera pintarme los ojos

Tal vez debiera reir de otro modo

Hasta ser tu reina ideal.

Puedo ser tu reina ideal.

Quiero ser tu reina.”

Circodelia - Reina Ideal.