dimarts, 3 de maig del 2016
Quien a buen árbol se arrima...
dimarts, 19 de gener del 2016
Por qué tener una rutina es importante
dimarts, 6 d’octubre del 2015
Hoy me odié porque un hombre me dejó.
dilluns, 31 d’agost del 2015
Hoy no te quiero extrañar más.
Pero no es así.
Hoy te diría que los años juntos no fueron en vano, que a pesar del dolor de la separación me queda un lindo aprendizaje, que el tiempo que invertí en ti no fue tiempo perdido.
Pero no es así.
Hoy te quiero odiar. Quiero decirte que te extraño, que extraño nuestra vida juntos, que permanece tu forma en el sofá y en mi corazón. Que aún no llegó quien lo deforme y lo adapte a un nuevo inquilino.
Pero no es así.
Hoy mis amigos me dicen que estoy mejor que nunca. Que estoy brillante, más guapa, más alegre, más graciosa. Que me saqué una sombra de encima, que la libertad me hace bien.
Pero no es así.
Hoy te digo que no me siento, que no me hallo. Que mi nuevo yo está incómodo en este sofá de una plaza con olor a nuevo que no elegí.
divendres, 20 de març del 2015
El día de mi 32 cumpleaños, en que no cambió nada
diumenge, 14 de juliol del 2013
Crónica de un domingo a la tarde.
diumenge, 3 de febrer del 2013
30 días para los 30 (IV)
dissabte, 19 de gener del 2013
30 días para los 30 (III)
dijous, 10 de gener del 2013
30 días para los 30 (II)
dissabte, 5 de gener del 2013
30 días para los 30
diumenge, 26 d’agost del 2012
Por qué
divendres, 10 de febrer del 2012
Me gusta tu perfil, me gustas tú.

Hace poco me contaban sobre la experiencia de un joven que había decidido por motu propio prescindir de su celular y las redes sociales por tres meses. El joven culminaba su experimento con conclusiones “sorprendetes” (al menos para alguien de su generación, y con este paréntesis ya se vé venir por dónde va el contenido de este texto): El joven había descubierto que tenía cantidad de tiempo libre, vió que aquellas personas que realmente se preocupaban por él, se esforzaron por mantener el contacto y la relación usando los medios obsoletos del s. XX, vió más seguido (en persona) a amigos y familiares, etc.
Honestamente, de todo esto, yo la conclusión que saco es: ¡Qué ternura de chaval! Lo que para su generación es toda una hazaña rompe estándares, para mi es hacer una regresión a mis, por lo menos, primeros 18 años (ok, ponle que de entre los 10 y los 18, ya que de los años anteriores cada vez me acuerdo menos, y peor). Pero tranquilos, ésta no es una trillada reflexión sobre lo rápido que pasa el tiempo y lo poco que valoran las nuevas generaciones el no haber pasado por una guerra… Mi indignación viene más por otro lado.
Viví mis primeros 25 años en una ciudad donde, en los últimos 10 años, cualquier punto te queda a 20 minutos en metro. Y en un país donde las “zonas rurales” son tan escasas que caben todas en un reportaje labordetense de 20 minutos. Sin embargo, ante mi recurrente reclamo de reunión social, el comentario que la abajo firmante más habitualmente escuchaba últimamente era: Es que tú nunca te conectas.
Buscando una mejor calidad de vida (parafraseando a mi amiga) me fui a conocer gente que realmente “se conectara” con otras personas, sin cables ni computadoras, me fui a donde no llegó la fibra óptica, ni la electricidad, pero donde, para mi decepción, siempre había una BB.
Dicen que los jóvenes crecen cada vez más rapido, empiezan a relacionarse en la pubertad (sí, a coger) y yo me pregunto: ¿dónde lo aprendieron? ¿Dónde aprendieron a coger si lo más cercano que han estado de una relación es un muro (¡¡¡que ni si quiera se parece a un muro!!!) y lo más parecido a acariciar sinquererqueriendo ha sido marcar un “Me gusta” o “dar un toque”? ¿Cómo saben por dónde hay que meterla si no es por un puerto usb? Si se piensan que los amigos se cuentan por centenares, y son todos aquellos que te felicitan por tu cumple porque un aviso, arriba a la derecha de la pantalla, les dijo que (según los datos que ingresaste y que nadie verificó) es tu cumpleaños. Se piensan que de verdad no tienes canas ni arrugas, que luces igual que en tu cumpleaños de quince, y que si dejas de “postear” por unos días “estás desaparecido”.
Supongo que aquí la desfasada soy yo, porque todavía leo libros de papel (qué poco eco-friendly), cargo con una agenda (también de papel) y me gusta llamarte por teléfono y disfruto de saber que yo sí tengo tu número y lo puedo hacer.
diumenge, 15 de gener del 2012
I am normal

Crecemos viendo teleseries (en su mayoría yankis) que nos educan en que hay que despreciar lo mediocre para ser especiales, porque ser especial es lo mejor.
Lo mejor suele ser descrito como: fuera de serie, único, excepcional,… Y nos convencen de que en la vida tenemos que dejarnos la piel para lograr siquiera acercarnos a la maravillosidad de sentirnos, por un momento, los mejores, y por ende, especiales. Pero, ojo a la letra pequeña, no basta con que una se sienta especial, ni si quiera varias veces al día, tienen que sentirlo los demás y también tienen que reconocerlo públicamente, sino no eres más que una común vanidosilla con aspiraciones.
Cuando me piden que me defina, mi respuesta es siempre la misma: normal. “Pero, defíneme normal en tus palabras”. Bueno, en mis palabras y en las de cualquiera, normal significa NORMAL. Incluso en inglés, la más internacional de las lenguas (mientras en secundaria no enseñen chino como segunda lengua) se escribe igual, N O R M A L.
Normal es que sea histérica, en esos momentos del mes o de la vida (normalmente cuando a él más le jode), histeriqueo. Normal es que no soy una mujer hollibudiense, ni mucho menos de autor, más bien soy de película de domingo a la tarde. Normal es que no entallo en nada, porque (¡oh diosas del diseño!, acá una revelación) ¡mi cuerpo tiene varias tallas a la vez! y a veces hasta cambian dentro del mismo día (ni te cuento después de las 6pm en verano). Normal es ponerme triste cuando alguien me trata mal, y ponerme contenta cuando alguien me hace sentir querida, y si pasa dentro de la misma hora, sí, es normal estar triste y contenta con unos minutos de diferencia. No soy aNORMALmente inteligente, sólo retuve todo lo que aprendí hasta el bachillerato. No soy acomplejada, simplemente no evidencio lo que no me gusta de mí (¿no es normal?).
Seamos realistas, en una fabricación en serie, lo que se sale de ella no sirve, se aparta y se tira. Lo único se margina, y lo excepcional se valora por lo efímero de su existencia (a veces hasta con esperanza de que realmente no se vuelva a repetir).
Si fuera ideal no existiria, si fuera el producto de tus deseos, no escribiría esto.
Así que, estimad@s, mi recomendación como ser mediocre asumido, es que cada mañana, cuando se miren al espejo, se digan tres veces: “Gracias (Dios, mamá o súper ente de su elección) por hacerme normal”. Probemos, y quizás así nos sorprenderemos al ver lo frecuentemente especiales que somos.
dijous, 13 d’octubre del 2011
Reina ideal

Montevideo, 13 de octubre de 2011.
Terminando de castigarme. Arrancamos con el vino, son 18:35h en el reloj de la compu. Un dia nada productivo, según los estándares de lo políticamente correcto. Un dia muy provechoso según los mios.
Atracón de bizcochos, dos cafés de sobre, y presiesta de tres horas. Obviamente, después de tres horas se convirtió en Siesta, y.
Almuerzo un plato de puro carbohidratos (sí, también hablo así porque vivo a dieta), o lo que viene a ser para el pueblo llano, un plato de macarrones con queso. De postre, los ojitos que no me pude terminar de mañana. ¡Y sí, escribo con cola de paja! Y mientras, miro la copa de vino, que está demasiado frio.
Quiero agradar a todo el mundo, y termino desagradando a la persona que más me importa y la única de quien tengo la certeza que me va acompañar hasta el final: yo misma.
“Tal vez debiera moldear mi pelo
Tal vez debiera agrandar mi pecho
Tal vez debiera esculpir la cintura
Tal vez debiera tachar mis arrugas
Tal vez debiera comprar otra ropa
Tal vez debiera vestir a la moda
Tal vez debiera pintarme los ojos
Tal vez debiera reir de otro modo
Hasta ser tu reina ideal.
Puedo ser tu reina ideal.
Quiero ser tu reina.”







