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dimarts, 19 de gener del 2016

Por qué tener una rutina es importante



Desde siempre he tratado de imponerme nuevas y creativas rutinas que consideraba me ayudarían a ser mucho más productiva, y por ende, existosa. Desde bien chica, veía una película, leía un cuento o, más habitualmente, veía un capítulo de alguna serie de adolescentes californianos en los que la resolución de un personaje y su puesta en práctica le proporcionaba maravillosos resultados (aventuras y éxito social y amoroso).
Yo copiaba esa resolución, adptándola con grandes esfuerzos y resignación a mi realidad. Después, ilusionada, se la mostraba a mi madre, quien rápidamente me cacheteaba con su cheque de realidad, tras lo cual mi nueva rutina se sometía a un nuevo ajuste. Ese mismo día intentaba llevarla a la práctica. Ante la nula colaboración de la vida real, me volvía a dar cuenta, sumamente frustrada, de que tendría que re-re-reajustar mi nueva costumbre. 
Al día siguiente, ya la había olvidado por completo. Era demasiado duro convencer al mundo de mi genial idea.
A veces convencía a una amiga para que se sometiera conmigo. Cuando eso sucedía no era necesario salir de mi habitación. Con la puerta cerrada, el mundo interior era ideal para llevar a cabo mi propósito. Pero ese mundo tenía un horario fijado para el apocalipsis: cuando venía la mamá de mi amiga a buscarla. De nuevo. al día siguiente, todo el trabajo caía en el olvido. Lenguajes secretos, señas encriptadas, insignias, clubs, deportes, murales, cartas, coreografías, pulseritas de hilo, frascos de sal coloreada, servicio de peluquería y maquillaje, diseño personalizado de atuendo, etc.
Cabe aclarar que, durante la semana escolar, también es difícil de mantener un objetivo que fue creado un sábado. Ni decir que en la escuela no había lugar para ningún proyecto que implicara más dedicación que los veinte minutos del recreo.

Supongo que por eso, no sé si a causa de eso, pero de seguro sirve como importante precedente, es que hoy día me cuesta tanto continuar una nueva, saludable, mejorosa resolución new age-contable-dieta, etc, etc
Sigo el mismo método que jamás me funcionó: cuando la idea viene a mi, la pienso, la anoto, la dibujo, busco información, la planifico, me hago con los materiales necesarios, me pongo carteles y recordatorios, hago a mis allegados partícipes de mi nueva decisión de vida, me acuesto feliz y orgullosa por la elección que tomé, y al día siguiente... al día siguiente el Sol sigue saliendo por el este. 

Supongo que me olvidé de contarle al Sol que a partir de hoy todo iba a cambiar.


diumenge, 3 de febrer del 2013

30 días para los 30 (IV)


Con mi nuevo plan de vida adulta y sana descubrí que hay mil y una formas distintas de incorporar el ejercicio a una rutina sedentaria y pasiva. Y hay mil y dos excusas para no hacerlo.

Bajarte del bus una parada antes para hacer el resto caminando, implica llegar a la oficina tarde y transpirada.

Ir de pie en el bus y hacer como que no ves que hay un asiento vacío, bajo la presión de miradas y ofertas inquisidoras de caballeros que viajan de pié y no comprenden por qué razón suicida o feminista neo liberal, ¡no quieres sentarte!

Aprovechar el buen tiempo para regresar a casa paseando, en lugar de llegar corriendo para aprovechar los únicos 20 minutos al día de control total del televisor.

O, aprovechar el atardecer para salir a caminar por la rambla, atestada de playistas, deportistas, bañistas, mateistas, y un largo listado de –istas, todos con un perfecto y equilibrado aroma entre sudor de “me baño cuando llegue a casa” y Hawian tropic.

No señor@s, el verano está hecho para tomar sol en la terraza/balcón de la casa de uno, con el mínimo de tela encima, y de grados en la cerveza.

A ver si me explico, no es que no le ponga voluntad, es que la lógica refuta todo argumento.

Al fin y al cabo el secreto para sentirse bien está en estar a gusto con una misma. Aceptarse tal y como se es, con tus particularidades que te hacen única y… y… perdón, se me voló la página del libro de autoayuda.

(Continuará)

dijous, 10 de gener del 2013

30 días para los 30 (II)





A los 30, yo me imaginaba habiendo hecho una serie de cosas que la sociedad te empuja a pensar que deben ser así, y para las que sin chance de rectificar, me acabo de dar cuenta de que ya estoy tarde:  la depilación definitiva, un blanqueamiento dental y un brushing progresivo. Parece fácil, no lo es.

La depilación definitiva: Para la que paradójicamente te tienes que comprar cuponeras, o sea, que no se sabe a partir de qué momento empieza a ser definitiva, pero ellos ya le pusieron así el nombre, de puro márketing no más.

Aprovechando las ofertas de Woow, he andado mostrando la cotorra por cuantos centros de “estética” (dígase de cualquier centro de placer sadomasoquista femenino contemporáneo) se hayan publicado en Pocitos y parte del extranjero. Sin embargo, unos incipientes pelitos me indican que cumpliré los treinta y me seguiré depilando. ´Definitivo´ será el día que mande a la luz pulsada a la mierda, me haga hippie y me deje crecer las barbas cual novia de Gimli.

El blanqueamiento dental: que parece ser la Meca de las dentaduras sanas, ya que, siempre que me fui a interesar por uno de esos tratamientos, me descartaron por tener principio de caries (siempre son “principios de…”, creo que mis caries son tan inmaduras como yo y nunca llegan a su plenitud como tales, porque todos los años están en “principios de”), raíces ligeramente expuestas, y las encías levemente inflamadas. Todo es “principio, leve o ligeramente”, o sea, ni tan tan como hacerme un tratamiento, ni tan poco como hacerme el blanqueamiento… Y yo sigo con los dientes amarillos.

El brushing progresivo, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en el nuevo “enlarge your pennis”. Cientos de e-mails spámicos a diario llegan ofreciendo un pelo más liso que el de un japonés almidonado, y yo, que he visto como amigas y compañeras se lo aplican, siempre llego a la misma conclusión: dura dos días, pero tú tienes que seguir usando los productos específicos durante el resto de tu vida lacea.

Acondicionador para el pelo quemado, graso, quebrantable, liso, ondulado, muy rizado, seco, castigado, teñido, permanentado, planchado, anticaída, con caspa, sérum, crema, crema de 3 minutos, de 1 minuto, nocturna, para peinado, anti friz,… ¿Dónde quedaron los tiempos del “Wash&go” Lavado y listo? – Qué poca visión de mercado la de estos señores, quién iba a pensar que a nosotras, imberbes, nos pueda gustar solucionarlo todo con un potecito 2 en 1, y ¿qué hacemos con el resto de las repisas del baño? Tanta superficie libre se nos llena de polvo…

(Continuará)

dissabte, 5 de gener del 2013

30 días para los 30




30 días para los 30.


La ficha me cayó viendo Friends. Lo cual en sí ya denota una edad. Porque no te puede caer la ficha de los 30 viendo Hanna Montana y escuchando One Direction. O sí, lo cuál sería mucho peor y más que dar para una crisis daría para un suicidio rápido e indoloro.

La crisis de los 30 tampoco te puede llegar viendo Sex & the City. Con Sex & the City más bien desearías ser una norteamericana aria judía de alrededor de 45 años. Serie donde supuestamente rompen “todos los tabús respecto a la libertad del sexo femenino” pero en 6 temporadas de 20 capítulos (excepto en la 5ª, en que Sara Jessica Parker se queda embarazada, y se queda en 8 capítulos)  no se menciona una sola vez el herpes genital, así como un abanico importante de enfermedades venéreas que estas señoras divertidas y desinhibidas seguramente hayan podido contemplar y no precisamente a través del escaparate de Manolo Blahnik.

Pero volviendo al tema en cuestión, el susodicho trance tampoco te podría agarrar viendo MacGyver en TCM (ésa más que ninguna otra denotaría una edad). Sin embargo las series de la infancia tienen algo que te desconectan de la realidad, te llevan a aquella época en que por primera vez viste a Richard Dean Anderson corriendo por las calles de un supuesto Pais Vasco tan atestado de terroristas como de encierros taurinos. Aquella época en que los 30 era la edad que tenían la mayoría de tus profesores VIEJOS, aquellos que estaban casados y con hijos…. Hijos capaz que hasta de tu edad, ¡puag!, profesores que podrían ser tus padres pero que no te imaginabas teniendo una vida fuera de la escuela…
La puta crisis tampoco te puede agarrar viendo Bola de Drac (Dragon Ball) en internet. Ahora que es hasta cool encontrar alguna remera con alguno de los personajes (diosa salve a Amancio Ortega y sus secuaces), reviendo Parker Lousie can´t loose, o tarareando la canción de los Osos Gummi.

A mi los 30 me sorprendieron cual porrazo de Mosso jugando al cagatió, mientras veía como una Rachel Green (Jennifer Aniston ya muy pasada de los 30, pero por diosa que yo hubiera querido estar así a los 25) amanece profundamente deprimida en su 30º cumpleaños, con un pelo perfecto, un novio pendejo perfecto, unos amigos perfectos, y un trabajo perfecto (me perdí el capítulo en que pasa de trabajar de moza a ejecutiva de Ive Saint Laurent, ¿alguien me lo pasa?), porque se da cuenta de que cumplió 30 años y no hizo nada de todo eso que ella había planeado en su pasado, para su futuro, ahora, su presente.

Y yo, que lo único que quería era encontrar algo gracioso en la TV para evadirme un poco, recién llegada de la oficina, con una coleta flúor mal agarrada, el maquillaje por el piso, descalza y con el botón del pantalón desabrochado desde el ascensor, porque la retención de líquidos sigue siendo un problema que el día que se resuelva abastezco a media región sub-Sahariana.

Y es ahí, justo en ese preciso momento, riéndome ajena a todo, en que por una fracción de segundo, esa conversación subtitulada me suena en algo familiar, y echo cuentas, corroboro, confirmo y certifico que tengo 29 años, que estoy más cerca de los 30 que de los 28, MÁS CERCA DE LOS 30 QUE DE LOS 28, y no hay “tip” de la Cosmopolitan que me diga cómo maquillarme ante tremenda revelación.



(Continuará...)