divendres 10 de febrer de 2012

Me gusta tu perfil, me gustas tú.




Hace poco me contaban sobre la experiencia de un joven que había decidido por motu propio prescindir de su celular y las redes sociales por tres meses. El joven culminaba su experimento con conclusiones “sorprendetes” (al menos para alguien de su generación, y con este paréntesis ya se vé venir por dónde va el contenido de este texto): El joven había descubierto que tenía cantidad de tiempo libre, vió que aquellas personas que realmente se preocupaban por él, se esforzaron por mantener el contacto y la relación usando los medios obsoletos del s. XX, vió más seguido (en persona) a amigos y familiares, etc.

Honestamente, de todo esto, yo la conclusión que saco es: ¡Qué ternura de chaval! Lo que para su generación es toda una hazaña rompe estándares, para mi es hacer una regresión a mis, por lo menos, primeros 18 años (ok, ponle que de entre los 10 y los 18, ya que de los años anteriores cada vez me acuerdo menos, y peor). Pero tranquilos, ésta no es una trillada reflexión sobre lo rápido que pasa el tiempo y lo poco que valoran las nuevas generaciones el no haber pasado por una guerra… Mi indignación viene más por otro lado.

Viví mis primeros 25 años en una ciudad donde, en los últimos 10 años, cualquier punto te queda a 20 minutos en metro. Y en un país donde las “zonas rurales” son tan escasas que caben todas en un reportaje labordetense de 20 minutos. Sin embargo, ante mi recurrente reclamo de reunión social, el comentario que la abajo firmante más habitualmente escuchaba últimamente era: Es que tú nunca te conectas.

Buscando una mejor calidad de vida (parafraseando a mi amiga) me fui a conocer gente que realmente “se conectara” con otras personas, sin cables ni computadoras, me fui a donde no llegó la fibra óptica, ni la electricidad, pero donde, para mi decepción, siempre había una BB.

Dicen que los jóvenes crecen cada vez más rapido, empiezan a relacionarse en la pubertad (sí, a coger) y yo me pregunto: ¿dónde lo aprendieron? ¿Dónde aprendieron a coger si lo más cercano que han estado de una relación es un muro (¡¡¡que ni si quiera se parece a un muro!!!) y lo más parecido a acariciar sinquererqueriendo ha sido marcar un “Me gusta” o “dar un toque”? ¿Cómo saben por dónde hay que meterla si no es por un puerto usb? Si se piensan que los amigos se cuentan por centenares, y son todos aquellos que te felicitan por tu cumple porque un aviso, arriba a la derecha de la pantalla, les dijo que (según los datos que ingresaste y que nadie verificó) es tu cumpleaños. Se piensan que de verdad no tienes canas ni arrugas, que luces igual que en tu cumpleaños de quince, y que si dejas de “postear” por unos días “estás desaparecido”.

Supongo que aquí la desfasada soy yo, porque todavía leo libros de papel (qué poco eco-friendly), cargo con una agenda (también de papel) y me gusta llamarte por teléfono y disfruto de saber que yo sí tengo tu número y lo puedo hacer.

diumenge 15 de gener de 2012

I am normal



Montevideo 15 de enero de 2012.

Crecemos viendo teleseries (en su mayoría yankis) que nos educan en que hay que despreciar lo mediocre para ser especiales, porque ser especial es lo mejor.

Lo mejor suele ser descrito como: fuera de serie, único, excepcional,… Y nos convencen de que en la vida tenemos que dejarnos la piel para lograr siquiera acercarnos a la maravillosidad de sentirnos, por un momento, los mejores, y por ende, especiales. Pero, ojo a la letra pequeña, no basta con que una se sienta especial, ni si quiera varias veces al día, tienen que sentirlo los demás y también tienen que reconocerlo públicamente, sino no eres más que una común vanidosilla con aspiraciones.

Cuando me piden que me defina, mi respuesta es siempre la misma: normal. “Pero, defíneme normal en tus palabras”. Bueno, en mis palabras y en las de cualquiera, normal significa NORMAL. Incluso en inglés, la más internacional de las lenguas (mientras en secundaria no enseñen chino como segunda lengua) se escribe igual, N O R M A L.

Normal es que sea histérica, en esos momentos del mes o de la vida (normalmente cuando a él más le jode), histeriqueo. Normal es que no soy una mujer hollibudiense, ni mucho menos de autor, más bien soy de película de domingo a la tarde. Normal es que no entallo en nada, porque (¡oh diosas del diseño!, acá una revelación) ¡mi cuerpo tiene varias tallas a la vez! y a veces hasta cambian dentro del mismo día (ni te cuento después de las 6pm en verano). Normal es ponerme triste cuando alguien me trata mal, y ponerme contenta cuando alguien me hace sentir querida, y si pasa dentro de la misma hora, sí, es normal estar triste y contenta con unos minutos de diferencia. No soy aNORMALmente inteligente, sólo retuve todo lo que aprendí hasta el bachillerato. No soy acomplejada, simplemente no evidencio lo que no me gusta de mí (¿no es normal?).

Seamos realistas, en una fabricación en serie, lo que se sale de ella no sirve, se aparta y se tira. Lo único se margina, y lo excepcional se valora por lo efímero de su existencia (a veces hasta con esperanza de que realmente no se vuelva a repetir).

Si fuera ideal no existiria, si fuera el producto de tus deseos, no escribiría esto.

Así que, estimad@s, mi recomendación como ser mediocre asumido, es que cada mañana, cuando se miren al espejo, se digan tres veces: “Gracias (Dios, mamá o súper ente de su elección) por hacerme normal”. Probemos, y quizás así nos sorprenderemos al ver lo frecuentemente especiales que somos.

dilluns 21 de novembre de 2011

Mercromina



De niña, a mi padre no le gustaba nada que yo entrara en la cocina mientras la estaban usando. “¡La mayoría de accidentes domésticos suceden en la cocina y es por dejar entrar a los niños!”, me decía , y con razón.

Yo, crecí con las rodillas llenas de crostas, y en mi caso no era exclusivo de los veranos en pantanloncito corto. Pongamos que, aún a los 28, sigue siendo un clásico en mi. Al mejor estilo “Jesulín”, cuando me enfundo una mini en verano, explico con humor como esa herida me la hice bajando por la Diagonal en patines, a los 24, y muestro el complemento, la cicatriz en el antebrazo que atestigua y acompaña el relato “y esto, mientras intentaba aferrarme a un banco para frenar”.

Y es que las heridas y consecuentes cicatrices, como ya dije, no son exclusivas de los veranos en shorts, ni de la infancia. Lamentablemente (o no) una sigue dejándose llevar por impulsos de euforia, locura eventual y efímera, que termina con los dientes fregando el piso, hipotética y literalmente. Las cicatrices cada vez tardan más en curar, cosas de la edad. Como mayor te haces tu cuerpo se regenera más despacio. Y mientras evalúo el último rasguño, me vienen a la mente todas las anteriores caidas que bien me tenían que haber servido, como mínimo, para aprender a andar con la boca cerrada (como diría mi madre).

Pero es que yo (regalito divino) además de torpe, soy amnésica selectiva. Dicen los médicos y la cultura popular que, una situación traumática puede ser bloqueada por la mente para ser incapaces de volver a recordarla, como medida de supervivencia, parece ser. En mi caso se trata de una medida kamikace.

Aprendí a no correr si no es de necesidad suprema, a recordarme no torcer la punta de los pies para adentro mientras camino (para no hacerme la zancadilla a mi misma), a dejar sobre una superficie estable los objetos frágiles si es que mi atención va a ser requerrida por otro foco durante un rato, a no llevarme líquidos al sofá, a mirar por encima de mi cabeza cada vez que me levanto de recoger algo, etc.

Sin embargo, no sé por qué (esto dicho con tono de “sí sé por qué”) en otros aspectos de la vida aún no aprendí a decirme “esto no puede volver a pasar”. Tal vez sea porque para eso, ya están los demás.

dijous 13 d’octubre de 2011

Reina ideal

Montevideo, 13 de octubre de 2011.

Terminando de castigarme. Arrancamos con el vino, son 18:35h en el reloj de la compu. Un dia nada productivo, según los estándares de lo políticamente correcto. Un dia muy provechoso según los mios.

Atracón de bizcochos, dos cafés de sobre, y presiesta de tres horas. Obviamente, después de tres horas se convirtió en Siesta, y.

Almuerzo un plato de puro carbohidratos (sí, también hablo así porque vivo a dieta), o lo que viene a ser para el pueblo llano, un plato de macarrones con queso. De postre, los ojitos que no me pude terminar de mañana. ¡Y sí, escribo con cola de paja! Y mientras, miro la copa de vino, que está demasiado frio.

Quiero agradar a todo el mundo, y termino desagradando a la persona que más me importa y la única de quien tengo la certeza que me va acompañar hasta el final: yo misma.

“Tal vez debiera moldear mi pelo

Tal vez debiera agrandar mi pecho

Tal vez debiera esculpir la cintura

Tal vez debiera tachar mis arrugas

Tal vez debiera comprar otra ropa

Tal vez debiera vestir a la moda

Tal vez debiera pintarme los ojos

Tal vez debiera reir de otro modo

Hasta ser tu reina ideal.

Puedo ser tu reina ideal.

Quiero ser tu reina.”

Circodelia - Reina Ideal.

divendres 18 de juny de 2010

Real life.


Montevideo, 18 de junio de 2010.


Cuando me parece que todo marcha sobre ruedas me olvido fácilmente de los malos momentos pasados, los guardo en el cajón de los miedos, en algún rincón de mi cabeza oscuro y silencioso fácil de ignorar. No es broma que una se acostumbra pronto a lo bueno, y me empeño en volver a creer que puede ser que los cuentos de princesas se dén en la vida real tal y como nos los enseñaron de pequeñitas. No hay que rascar mucho en mi fachada para descrubrir que aún tengo mucho de una inocencia recurrente, unas ganas de seguir creyendo en “Ana”, que salen a flote cada vez que paso un tiempo de vacas gordas en los aspectos importantes de la vida. Mi pesimismo es funcional, no es un estilo ni una filosofía, es una herramienta de protección. Lo uso sólo cuando quiero proteger a mi Nuri pura y creyente de posibles fracasos, malas noticias, de la posibilidad de alguna contrariedad. Pero cuando esta Nuri sale a flote también se vuelve egoista y débil. Y cuando algo no sale como debía ser en su mundo de nubes de azúcar se viene abajo. Le parece que se termina el mundo, que nada sale bien. Se compadece por estar sola, lejos de su familia, por no tener un trabajo y una casa, y ni si quiera quiere escuchar los problemas ajenos que comparados con los suyos no son nada. Aquellas malas experiencias que guardó en un cajón salen a la superficie para atemorizarla. Se repite llorando que nada cambió, que todo sigue igual. Y encontes, la otra Nuri, ésta que escribe, se enoja, la agarra y la manda al rincón de pensar, porque así no es como debe comportarse. Ella sabe que está mintiendo. Que las cosas no son así, y se avergüenza de las cosas que ha tenido que escuchar de la Nuri débil. No puede tolerar más esa sarta de despropósitos, no la puede dejar salir así a la calle. Nuri no está sola, está con la gente que ella ha elegido y nunca se han movido de ahí. En los buenos momentos y en los malos nunca nadie la ha juzgado. Sólo se juzga ella. No es verdad que Nuri no tenga trabajo, por el contrario tiene muchas e importantes cosas que hacer cada día. Sin embargo se ha estado dejando llevar por la autocompasión y la pereza, tendida en el sofá y viendo la tele de pago de alguién que le ha dado su casa, pero que no la hace sentir “como en casa”, si no que la hace sentir como una reina. Así que tampoco es cierto eso de que “no tiene casa”. Luego, sus supuestos grandes problemas ya no lo son. Así pues, Nuri debe dejar de gastar el tiempo viendo los problemas de Kim Kardashian, de Kendra y de Kimora, e invertirlo en estar con sus verdader@s (y reales) amig@s. Aquéll@s que, si bien no tienen tanto glamour, sí la eligen para compartir su escaso tiempo libre, para escucharla, para entretenerla, y cuando se calla, para hacerle confidente de sus preocupaciones e ilusiones. Porque ésta sí es la vida real.


Nuri.


De ánimo: mejor que ayer.

De salud: bien, bien.


dijous 22 d’abril de 2010

¿Y dices que mañana será otro día?


Montevideo, 21 de abril de 2010.

Me quito el día de encima. Un día que debía haber sido un buen día, por celebrar que tengo cédula de identidad uruguaya (ya somos casi 6 millones) y que además de regularizar mi situación ahora puedo comprar pasajes de Buquebus a precio charruo (¡lo mejor de tener la cédula!). No ha sido un mal día, de hecho fue considerablemente mejor que el de ayer, pero el cansancio y la disconformidad pisciana me hacen terminar por convertirlo en una persecución mental conmigo misma. Y decido quitármelo de encima de la mejor manera que sé: con una larga y muy caliente ducha. El chorro de agua empieza a bajar por mi cabeza y mi nuca y gracias al calor se empiezan a aflojar los músculos de mis omóplatos. Mi cerebro también se empieza a relajar y empieza a soltar tensión en forma de discusión imaginaria: le peleo, tengo la respuesta perfecta para dejarle con la boca cerrada y la digo, gano, ¡si en la vida real fuera tan fácil!, no...no quiero ser así en la vida real, no me gusta discutir, por eso lo dejo para mi imaginación. Me enjabono. ¿Estoy más gorda?, ¿más gorda que cuándo?, ¿o estoy más flaca? Otra vez me olvidé la esponja exfoliante en la habitación. Hace tiempo que tengo el pelo más áspero, será cuestión de vitaminas, no... será el agua de Montevideo, seguro que tiene algo, por eso todo el mundo acá usa crema, ahora yo uso crema. ¡Qué enchastre!, estoy inundando el baño, si la mampara fuera sólo un palmo más larga...Hay mosquitos en el techo. El baño está lleno de vapor. Parece Londres. ¿Será verdad que hay tanta niebla en Londres? No recuerdo haber visto niebla cuando yo estuve. Me acuerdo del 11-M, de Picadilly Square, We will rock you y Brian May, nos llovieron trocitos de hielo, ¡qué bien lo pasé! Fue la primera vez que salí de España, Andorra no cuenta. Ha bajado la presión del agua. Será que se está llenando la lavadora. ¡La lavadora! La pusé yo. Que no se me olvide tender la ropa cuando termine. ¡Uhm! Me quedaría aquí toda la noche. Hay que cortar. Qué rico fue. Vamos a ver tele. ¿Por qué pienso en plural si estoy sola? Ay… Como dijo Scarlett O'Hara: mañana será otro día.


De salud: dentro de los párametros habituales.

De ánimo: también.


Nuri.

dilluns 5 d’abril de 2010

De sensaciones.

Montevideo, 3 de abril de 2010.


Hace un tiempo, básicamente desde que se cumplió un año que llegué a Sudamérica, que me van asaltando los recuerdos de lo que fue mi viaje en 2009. De repente, en el auto, veo la ruta que se alarga hasta el horizonte y evoco las muchísimas veces que grabé una imagen muy similar en el piso de arriba de algún autocar de camino al siguiente destino. Podía ser Bariloche, podía ser de vuelta Buenos Aires, podía ser Tupiza, o podía ser Lima, entre muchos otros.

Paseando por alguna playa del este de Uruguay me dejo sorprender gratamente por un cortocircuito en mis sentidos que a penas dura una fracción de segundo pero que me transporta por ese tiempo a alguna playa de la costa ecuatoriana, como en un flashback de película me parece que perfectamente podría estar en Salinas con mi familia, podría levantar la vista del piso formado por carcasas de conchas y ver a mi primo Kevin que viene a darme un abrazo, a disfrutar de sus últimos momentos de exclusividad con su prima Nuria.

Ando en la moto con Mariano, que me lleva a conocer los barrios humildes de Montevideo (pues como dijo la abuela de José, en Lima, no hay que limitarse a conocer sólo lo lindo), y me sorprende (y es posible que a la vez también me reconforte) ver lo mucho que se parecen todas esas zonas poco favorecidas tanto acá como al otro lado del charco.

A medida que recorremos los barrios recupero sensaciones: de Guayaquil (muchas), de aquel barrio “bohemio” en Lima que me mostraron José y su hermana, de “él barrio”, mi barrio, en Barcelona, etc.


De salud: acatarrada, se vino el frio.

De ánimo: sensorial.


Familia, os quiero y os extraño mucho.