Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris normal. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris normal. Mostrar tots els missatges

dissabte, 25 de febrer del 2017

No creo que las putas



- Si un día tuviera la certeza de que ésas son las últimas horas que lo voy a ver, serían tristísimas.
> ¿No te gustaría saber cuándo será el última día que lo veas? Aunque eso no tiene por qué pasar, de momento os venís viendo, ¿quién sabe? A lo mejor dentro de 20 años os seguís viendo, o a lo mejor, eres tú la que se cansa la semana que viene.
- No lo sé, puede ser, quién sabe.
> ¿Pero no te gustaría saberlo si un día fuera el último que os váis a ver?
- ¿Y que mi último recuerdo con él estuviera bañado en angustia? No lo sé. Quiero creer que preferiría elegir no verle, y quedarme con el feliz último recuerdo de nuestro encuentro anterior. Pero seguramente no sería tan fuerte. Seguramente sí lo iría a ver, haríamos el amor y lloraría mucho al despedirme.
> Ya.
- Pero reconozco que me amarga un poco esto de no saber.
> Bueno amiga, incluso en las relaciones más estables, o sea, en las que convives con tu novio o novia, eso tampoco se sabe con certeza, realmente nunca sabes cuándo volverás a ver a alguien.
- Sí. Mira lo que me pasó con mi padre.
> Exacto. No te lo quería decir pero sí, mira lo que te pasó con tu padre y a otras personas que les ha pasado parecido.
- Igual prefiero pensar que si no lo vuelvo a ver es porque dejó de interesarle, no porque se murió de repente.
> O porque tú no quieres volver a verlo.
- También. Aunque ahora que lo pienso, si no lo vuelvo a ver, capaz que prefiero que sea porque se ha muerto.
> ¡Jajajajaja! Pues sí, amiga. Bien dicho. También es verdad.
- Quién me manda...
> ¿El qué?
- Ser tan puta.
> No sos puta, amiga. Además, eso que te llevas pal cuerpo.
- Ya. En realidad debería ser más puta, no creo que las putas se vayan encariñando de cuanto bicho se cogen.
> Y no. Pero Pablo no es un bicho, al menos por lo que cuentas, se nota que él también te tiene cariño. Yo también me encariñaría.
- No sé, amiga. Yo creo que para estas cosas tú eres más práctica, más lista.
> O sea, más puta ¡jajajaja!
- ¡Que no quise decir eso!
> Ya sé, tonta, te estoy jodiendo.

divendres, 20 de març del 2015

El día de mi 32 cumpleaños, en que no cambió nada



El día de mi 32 cumpleaños, en que no descubrí nada.


Me levanto de la cama como un día más. Mi novio me abraza y me dice por cuarta o quinta vez “feliz cumple”. Me pregunta cuáles son mis planes para hoy: trabajar. Nada muy loco, nada fuera de lo habitual.

Me fijo en el horario de clases del gimnasio, tal vez me quiero dar un homenaje de auto cultivo del cuerpo, decirme que como hoy es mi día me voy a dedicar a sentirme más flaca, más sana, a ver si hay alguna clase de zumba para al menos bailotear un poco. Nada. Las mismas clases que el viernes pasado. Obvio, no va a haber una agenda especial por ser mi cumple.
Me ducho. Me pongo mi poyera favorita, la más larga y holgada, se podría decir que la misma que uso prácticamente todos los días desde que empezó el verano. Y hoy puede convertirse también en la que uso desde que empezó el otoño.
Libero mi escritorio de las capas de mugre que acumulo sobre cualquier superfície plana en mi rincón de la casa, porquerías varias, la mayoría de las cuales terminan siendo depositadas en otra superfície plana de la habitación.
Cenaré en un lugar lindo con mi novio y un par de amigas empeñadas en acompañarme hoy por mi cumple. Se lo agradezco a los tres. Lo mismo de cada viernes, casi, pero hoy es mi cumple.
No espero regalos. Cuando era chiquitita le decía a mi mamá “Felicidades mama”, y eso yo ya lo consideraba EL regalo. Total, ella es la madre, y su roll es el de encargarse de los regalos de la familia, el mío es el de darle un beso y hacerle un dibujo. Hoy yo no soy madre, y mi regalo es un “Feliz cumple amor” con un abrazo y un beso, y un “hoy es tu día, vos decidís qué querés hacer”. La verdad es que siempre decido qué hacemos, sea 20 de marzo o sea cualquier viernes del año.
Satisfactoriamente siento un profundo sosiego, paz, tranquilidad, cero ansiedad. Gracias al pedacito de alprazolam que sabiamente me tomé anoche antes de dormir. Una de las cosas buenas que tiene la edad es el poder acumular un fondo de botiquín para cuando se te resfría el cerebro. Y la sabiduría y tranquilidad de poder utilizarlo sin drama, como cuando uno se pone protector solar antes de ir a tomar sol, simplemente porque sabe lo que pasaría si no lo hiciera. Así que me tomo mi cuartito de aceprax y hoy me siento con la garantía de estar bien.
Como decía, en mi 32 cumpleaños no espero regalos, porque sé que ya tengo de todo y en casa no hay lugar para más trastos. Pero sí los deseo, extraño la emoción de rasgar un envoltorio misterioso que esconde una sorpresa. Cuando sos grande no te envuelven los regalos. Te los dan en la bolsa de la tienda donde fueron adquiridos y te dicen “Feliz cumple, dentro está el ticket de cambio”. Ser grande te enseña que por muy considerado que parezca quedarse con los regalos que no te gustan, porque se valora más el gesto que el objeto, la verdad es que es un desperdicio de plata y no hay nada de malo en cambiarlo por algo que sí vayas a usar. Ser grande también es ser práctica. Si hoy me preguntaran qué quiero que me regalen, sea lo que sea, respondería que quiero que alguien venga y me limpie la casa a fondo. Ése sería mi mejor regalo hoy.


Este texto no tiene conclusión ni moraleja. 

diumenge, 15 de gener del 2012

I am normal



Montevideo 15 de enero de 2012.

Crecemos viendo teleseries (en su mayoría yankis) que nos educan en que hay que despreciar lo mediocre para ser especiales, porque ser especial es lo mejor.

Lo mejor suele ser descrito como: fuera de serie, único, excepcional,… Y nos convencen de que en la vida tenemos que dejarnos la piel para lograr siquiera acercarnos a la maravillosidad de sentirnos, por un momento, los mejores, y por ende, especiales. Pero, ojo a la letra pequeña, no basta con que una se sienta especial, ni si quiera varias veces al día, tienen que sentirlo los demás y también tienen que reconocerlo públicamente, sino no eres más que una común vanidosilla con aspiraciones.

Cuando me piden que me defina, mi respuesta es siempre la misma: normal. “Pero, defíneme normal en tus palabras”. Bueno, en mis palabras y en las de cualquiera, normal significa NORMAL. Incluso en inglés, la más internacional de las lenguas (mientras en secundaria no enseñen chino como segunda lengua) se escribe igual, N O R M A L.

Normal es que sea histérica, en esos momentos del mes o de la vida (normalmente cuando a él más le jode), histeriqueo. Normal es que no soy una mujer hollibudiense, ni mucho menos de autor, más bien soy de película de domingo a la tarde. Normal es que no entallo en nada, porque (¡oh diosas del diseño!, acá una revelación) ¡mi cuerpo tiene varias tallas a la vez! y a veces hasta cambian dentro del mismo día (ni te cuento después de las 6pm en verano). Normal es ponerme triste cuando alguien me trata mal, y ponerme contenta cuando alguien me hace sentir querida, y si pasa dentro de la misma hora, sí, es normal estar triste y contenta con unos minutos de diferencia. No soy aNORMALmente inteligente, sólo retuve todo lo que aprendí hasta el bachillerato. No soy acomplejada, simplemente no evidencio lo que no me gusta de mí (¿no es normal?).

Seamos realistas, en una fabricación en serie, lo que se sale de ella no sirve, se aparta y se tira. Lo único se margina, y lo excepcional se valora por lo efímero de su existencia (a veces hasta con esperanza de que realmente no se vuelva a repetir).

Si fuera ideal no existiria, si fuera el producto de tus deseos, no escribiría esto.

Así que, estimad@s, mi recomendación como ser mediocre asumido, es que cada mañana, cuando se miren al espejo, se digan tres veces: “Gracias (Dios, mamá o súper ente de su elección) por hacerme normal”. Probemos, y quizás así nos sorprenderemos al ver lo frecuentemente especiales que somos.