30 días para los 30.
La ficha me cayó viendo Friends. Lo cual en sí ya denota una edad.
Porque no te puede caer la ficha de los 30 viendo Hanna Montana y escuchando
One Direction. O sí, lo cuál sería mucho peor y más que dar para una crisis
daría para un suicidio rápido e indoloro.
La crisis de los 30 tampoco te puede llegar viendo Sex & the City.
Con Sex & the City más bien desearías ser una norteamericana aria judía de
alrededor de 45 años. Serie donde supuestamente rompen “todos los tabús
respecto a la libertad del sexo femenino” pero en 6 temporadas de 20 capítulos (excepto en la 5ª, en que Sara Jessica Parker se queda embarazada, y se queda en
8 capítulos) no se menciona una sola vez
el herpes genital, así como un abanico importante de enfermedades venéreas que
estas señoras divertidas y desinhibidas seguramente hayan podido contemplar y
no precisamente a través del escaparate de Manolo Blahnik.
Pero volviendo al tema en cuestión, el susodicho trance tampoco te
podría agarrar viendo MacGyver en TCM (ésa más que ninguna otra denotaría una
edad). Sin embargo las series de la infancia tienen algo que te desconectan de
la realidad, te llevan a aquella época en que por primera vez viste a Richard
Dean Anderson corriendo por las calles de un supuesto Pais Vasco tan atestado
de terroristas como de encierros taurinos. Aquella época en que los 30 era la
edad que tenían la mayoría de tus profesores VIEJOS, aquellos que estaban
casados y con hijos…. Hijos capaz que hasta de tu edad, ¡puag!, profesores que
podrían ser tus padres pero que no te imaginabas teniendo una vida fuera de la
escuela…
La puta crisis tampoco te puede agarrar viendo Bola de Drac (Dragon
Ball) en internet. Ahora que es hasta cool encontrar alguna remera con alguno
de los personajes (diosa salve a Amancio Ortega y sus secuaces), reviendo Parker Lousie can´t loose, o tarareando
la canción de los Osos Gummi.
A mi los 30 me sorprendieron cual porrazo de Mosso jugando al cagatió, mientras
veía como una Rachel Green (Jennifer Aniston ya muy pasada de los 30, pero por
diosa que yo hubiera querido estar así a los 25) amanece profundamente deprimida en su 30º cumpleaños, con un pelo perfecto, un novio pendejo
perfecto, unos amigos perfectos, y un trabajo perfecto (me perdí el capítulo en
que pasa de trabajar de moza a ejecutiva de Ive Saint Laurent, ¿alguien me lo
pasa?), porque se da cuenta de que cumplió 30 años y no hizo nada de todo eso
que ella había planeado en su pasado, para su futuro, ahora, su presente.
Y yo, que lo único que quería era encontrar algo gracioso en la TV para
evadirme un poco, recién llegada de la oficina, con una coleta flúor mal
agarrada, el maquillaje por el piso, descalza y con el botón del pantalón
desabrochado desde el ascensor, porque la retención de líquidos sigue siendo un
problema que el día que se resuelva abastezco a media región sub-Sahariana.
Y es ahí, justo en ese preciso momento, riéndome ajena a todo, en que
por una fracción de segundo, esa conversación subtitulada me suena en algo familiar,
y echo cuentas, corroboro, confirmo y certifico que tengo 29 años, que estoy
más cerca de los 30 que de los 28, MÁS CERCA DE LOS 30 QUE DE LOS 28, y no hay
“tip” de la Cosmopolitan que me diga cómo maquillarme ante tremenda revelación.
(Continuará...)

Sin problemas, yo hace mas de 30 que cumpli los 30y aqui estoy.... tan chula como sin nada.Muchos besos y mucho cariño para superar ese trance.
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