diumenge, 14 de juliol del 2013

Crónica de un domingo a la tarde.


Crónica de un domingo a la tarde

Los últimos sucesos predecían que ésa no iba a ser una tarde de domingo cualquiera. La sucesión de acontecimientos de las últimas semanas, los sueños de Virginia, intuiciones y coincidencias, que ella bien sabía que no tenían nada de casual, le vaticinaban una tarde de las más vertiginosas, febriles, casi apocalípticas.

Los minutos pasaban, acelerados, impulsados por un frenesí inaudito. Virginia miraba estupefacta su reloj de aguja, que le devolvía una mirada perdida, esquizofrénica; la de un reloj que hacía tiempo había perdido la noción de la realidad. Un reloj sin alma, sin conciencia del tiempo, ni presente, ni futuro, ni circular.

Si Virginia, con un esfuerzo titánico, lograba por una fracción de segundo (una fracción cada vez más relativa) acallar las voces de su cabeza y se concentraba en un ficticio y efímero silencio imaginado por ella, podía escuchar su propio pulso en sus sienes transpiradas.

La incertidumbre y a la vez la certeza de lo que estaba por venir, la excitaban de una manera como nunca antes había experimentado, ni siquiera en sus más bizarros y drogados sueños. Por primera vez, la imaginación de Virginia se había quedado corta. Por primera vez era incapaz de dilucidar lo que iba a pasar.

La electricidad en el ambiente se sentía como un cosquilleo continuo, casi un zumbido. Torpe (su perro) hacía horas que dormitaba en el sofá. ¿Dormía o estaba muerto? ¿horas? ¿o recién acaba de acostarse? Mirar el reloj era inútil para Virginia, ya nada medible tenía sentido ni referencia en esa tarde de domingo, en que todo estaba a punto de cambiar.

Virginia temía levantarse de la silla y perder el conocimiento. No sabía si tenía la tensión alta o baja, si le dolía la cabeza o el pecho, las sensaciones en su cuerpo, que estaba por dejar de ser, se sucedían en una celeridad mezclando todo lo que veía con todo lo que olía y con todo lo que sabía.


Fuera lo que fuere que estaba a punto de suceder, Virginia lo esperaba con los brazos abiertos. Estaba preparada, y lo estaba deseando. Era cuestión de segundos, se decía, pues ella lo veía todo a través de los ojos de su futuro. Era cuestión de segundos.
Por fin, ALGO estaba por suceder y sacudirla y convertirla en un nuevo ser y transportarla a una nueva realidad, donde por fin y para siempre, nada iba a ser predecible.

diumenge, 3 de febrer del 2013

30 días para los 30 (IV)


Con mi nuevo plan de vida adulta y sana descubrí que hay mil y una formas distintas de incorporar el ejercicio a una rutina sedentaria y pasiva. Y hay mil y dos excusas para no hacerlo.

Bajarte del bus una parada antes para hacer el resto caminando, implica llegar a la oficina tarde y transpirada.

Ir de pie en el bus y hacer como que no ves que hay un asiento vacío, bajo la presión de miradas y ofertas inquisidoras de caballeros que viajan de pié y no comprenden por qué razón suicida o feminista neo liberal, ¡no quieres sentarte!

Aprovechar el buen tiempo para regresar a casa paseando, en lugar de llegar corriendo para aprovechar los únicos 20 minutos al día de control total del televisor.

O, aprovechar el atardecer para salir a caminar por la rambla, atestada de playistas, deportistas, bañistas, mateistas, y un largo listado de –istas, todos con un perfecto y equilibrado aroma entre sudor de “me baño cuando llegue a casa” y Hawian tropic.

No señor@s, el verano está hecho para tomar sol en la terraza/balcón de la casa de uno, con el mínimo de tela encima, y de grados en la cerveza.

A ver si me explico, no es que no le ponga voluntad, es que la lógica refuta todo argumento.

Al fin y al cabo el secreto para sentirse bien está en estar a gusto con una misma. Aceptarse tal y como se es, con tus particularidades que te hacen única y… y… perdón, se me voló la página del libro de autoayuda.

(Continuará)

dissabte, 19 de gener del 2013

30 días para los 30 (III)





Me pongo manos a la obra para llegar a los 30 lo más parecida a Rachel Green. Salvando las distancias económicas que facilitan que ella pueda llevar las mechas perfectas, las raíces al día y que, muy a pesar de la plata, algo evidente y que no tiene arreglo, es que ella no salió del mismo útero que yo.

Me dispongo a diseñar un plan que yo llamo “Divina o muerte, y solvente”: dieta, ejercicio, y, lo más importante, una extensa biblioteca de libros de auto-ayuda en pdf e impresos en la oficina.

A mi edad (expresión que indica que ya empiezo a aceptarla, aprecien una evolución) una ya está de vuelta de dietas… me las conozco todas, y al final después de empezar tantas como lunes tiene el año, siempre llego a la misma conclusión: Tal vez no será la más efectiva pero sí la más divertida, mi dieta favorita es la del cucurucho. Y punto.

Tengo asumido que los carbohidratos son más malos que el hijo de Hitler con Bin Laden y los reconozco fácilmente, así como un catálogo de alimentos cargados por el diablo de los que inclusive te digo a grandes rasgos la cantidad calórica de maldad que contienen por porción. Nada despreciable en alguien que jamás se aprendió ni de pedo la primera fila de la tabla periódica.

Hace tiempo que para mi las papas pasaron a llamarse carbohidratos, la carne proteínas, la verdura fibra, el aceite grasa, y el cacao en polvo… la razón de vivir.

Las modas también afectan a las corrientes alimenticias, es por eso que la leche a veces es buena y a veces es cancerígena, la soja a veces es sana y a veces es un nido de pesticidas, el huevo a veces es beneficioso y a veces es la fuente de la que brota el colesterol mundial, el aceite de oliva a veces es gourmet y a veces es peor que si lo sacaran de la grasera de un McDonalds.

Así, todo lo que me queda es chupar un cubito de hielo. No engorda, no produce cáncer y no atenta contra la vida de ningún animal (al menos que se haya comprobado por el momento).

Gracias a los libros de auto-ayuda asumí qué tan importante son los aprendizajes de la infancia y cómo repetimos los patrones adquiridos durante los primeros años de vida. Eso me llevo a idear un nuevo sistema para cumplir con la dieta:
Una grabación de voz que se activa cuando abro la heladera, y me espeta: ¡¡¡A la boca no que es caca!!!

Si alguien se anima a probarlo, le sugiero que pida a su madre que le ponga la voz a la grabación. Tal vez no pierda peso pero la regresión promete ser un auténtico viaje.

(Continuará)

dijous, 10 de gener del 2013

30 días para los 30 (II)





A los 30, yo me imaginaba habiendo hecho una serie de cosas que la sociedad te empuja a pensar que deben ser así, y para las que sin chance de rectificar, me acabo de dar cuenta de que ya estoy tarde:  la depilación definitiva, un blanqueamiento dental y un brushing progresivo. Parece fácil, no lo es.

La depilación definitiva: Para la que paradójicamente te tienes que comprar cuponeras, o sea, que no se sabe a partir de qué momento empieza a ser definitiva, pero ellos ya le pusieron así el nombre, de puro márketing no más.

Aprovechando las ofertas de Woow, he andado mostrando la cotorra por cuantos centros de “estética” (dígase de cualquier centro de placer sadomasoquista femenino contemporáneo) se hayan publicado en Pocitos y parte del extranjero. Sin embargo, unos incipientes pelitos me indican que cumpliré los treinta y me seguiré depilando. ´Definitivo´ será el día que mande a la luz pulsada a la mierda, me haga hippie y me deje crecer las barbas cual novia de Gimli.

El blanqueamiento dental: que parece ser la Meca de las dentaduras sanas, ya que, siempre que me fui a interesar por uno de esos tratamientos, me descartaron por tener principio de caries (siempre son “principios de…”, creo que mis caries son tan inmaduras como yo y nunca llegan a su plenitud como tales, porque todos los años están en “principios de”), raíces ligeramente expuestas, y las encías levemente inflamadas. Todo es “principio, leve o ligeramente”, o sea, ni tan tan como hacerme un tratamiento, ni tan poco como hacerme el blanqueamiento… Y yo sigo con los dientes amarillos.

El brushing progresivo, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en el nuevo “enlarge your pennis”. Cientos de e-mails spámicos a diario llegan ofreciendo un pelo más liso que el de un japonés almidonado, y yo, que he visto como amigas y compañeras se lo aplican, siempre llego a la misma conclusión: dura dos días, pero tú tienes que seguir usando los productos específicos durante el resto de tu vida lacea.

Acondicionador para el pelo quemado, graso, quebrantable, liso, ondulado, muy rizado, seco, castigado, teñido, permanentado, planchado, anticaída, con caspa, sérum, crema, crema de 3 minutos, de 1 minuto, nocturna, para peinado, anti friz,… ¿Dónde quedaron los tiempos del “Wash&go” Lavado y listo? – Qué poca visión de mercado la de estos señores, quién iba a pensar que a nosotras, imberbes, nos pueda gustar solucionarlo todo con un potecito 2 en 1, y ¿qué hacemos con el resto de las repisas del baño? Tanta superficie libre se nos llena de polvo…

(Continuará)

dissabte, 5 de gener del 2013

30 días para los 30




30 días para los 30.


La ficha me cayó viendo Friends. Lo cual en sí ya denota una edad. Porque no te puede caer la ficha de los 30 viendo Hanna Montana y escuchando One Direction. O sí, lo cuál sería mucho peor y más que dar para una crisis daría para un suicidio rápido e indoloro.

La crisis de los 30 tampoco te puede llegar viendo Sex & the City. Con Sex & the City más bien desearías ser una norteamericana aria judía de alrededor de 45 años. Serie donde supuestamente rompen “todos los tabús respecto a la libertad del sexo femenino” pero en 6 temporadas de 20 capítulos (excepto en la 5ª, en que Sara Jessica Parker se queda embarazada, y se queda en 8 capítulos)  no se menciona una sola vez el herpes genital, así como un abanico importante de enfermedades venéreas que estas señoras divertidas y desinhibidas seguramente hayan podido contemplar y no precisamente a través del escaparate de Manolo Blahnik.

Pero volviendo al tema en cuestión, el susodicho trance tampoco te podría agarrar viendo MacGyver en TCM (ésa más que ninguna otra denotaría una edad). Sin embargo las series de la infancia tienen algo que te desconectan de la realidad, te llevan a aquella época en que por primera vez viste a Richard Dean Anderson corriendo por las calles de un supuesto Pais Vasco tan atestado de terroristas como de encierros taurinos. Aquella época en que los 30 era la edad que tenían la mayoría de tus profesores VIEJOS, aquellos que estaban casados y con hijos…. Hijos capaz que hasta de tu edad, ¡puag!, profesores que podrían ser tus padres pero que no te imaginabas teniendo una vida fuera de la escuela…
La puta crisis tampoco te puede agarrar viendo Bola de Drac (Dragon Ball) en internet. Ahora que es hasta cool encontrar alguna remera con alguno de los personajes (diosa salve a Amancio Ortega y sus secuaces), reviendo Parker Lousie can´t loose, o tarareando la canción de los Osos Gummi.

A mi los 30 me sorprendieron cual porrazo de Mosso jugando al cagatió, mientras veía como una Rachel Green (Jennifer Aniston ya muy pasada de los 30, pero por diosa que yo hubiera querido estar así a los 25) amanece profundamente deprimida en su 30º cumpleaños, con un pelo perfecto, un novio pendejo perfecto, unos amigos perfectos, y un trabajo perfecto (me perdí el capítulo en que pasa de trabajar de moza a ejecutiva de Ive Saint Laurent, ¿alguien me lo pasa?), porque se da cuenta de que cumplió 30 años y no hizo nada de todo eso que ella había planeado en su pasado, para su futuro, ahora, su presente.

Y yo, que lo único que quería era encontrar algo gracioso en la TV para evadirme un poco, recién llegada de la oficina, con una coleta flúor mal agarrada, el maquillaje por el piso, descalza y con el botón del pantalón desabrochado desde el ascensor, porque la retención de líquidos sigue siendo un problema que el día que se resuelva abastezco a media región sub-Sahariana.

Y es ahí, justo en ese preciso momento, riéndome ajena a todo, en que por una fracción de segundo, esa conversación subtitulada me suena en algo familiar, y echo cuentas, corroboro, confirmo y certifico que tengo 29 años, que estoy más cerca de los 30 que de los 28, MÁS CERCA DE LOS 30 QUE DE LOS 28, y no hay “tip” de la Cosmopolitan que me diga cómo maquillarme ante tremenda revelación.



(Continuará...)