dimarts, 6 d’octubre del 2015

Hoy me odié porque un hombre me dejó.

Hoy, me odié porque no supe retenerlo. Me odié por ser boba. Con lo fácil que es retener a un hombre, o a cualquiera, drogas y cuerditas, nada más. Pero en el momento no se me ocurrió, porque le amaba.

Hoy, me odié porque él está con otra, que está más flaca que yo. Qué estúpida, con lo fácil que es perder peso, sólo tenía que dejarme morir un poquito y él se hubiera quedado conmigo. Cómo me odio por no haberlo pensado antes.

Hoy me odié porque se lo dije: ¡necesito odiarte! En lugar de matarlo con mi indiferencia... pero tampoco lo quiero matar, no así, figuradamente, y también me odié por eso.


Hoy me odié porque todavía me importa. Porque todavía pienso que el mundo sería más aburrido sin él. ¿Qué estaría haciendo yo ahora si él no estuviera en este mundo? Tal vez lo mismo que vos que lees esto, odiarme por hacerte perder el tiempo.

dilluns, 31 d’agost del 2015

Hoy no te quiero extrañar más.

Hoy te diría que ya no te extraño, que a penas te recuerdo, y que ya sólo me acuerdo de los momentos lindos, porque de los tristes ya me desprendí.

Pero no es así.

Hoy te diría que los años juntos no fueron en vano, que a pesar del dolor de la separación me queda un lindo aprendizaje, que el tiempo que invertí en ti no fue tiempo perdido.

Pero no es así.

Hoy te quiero odiar. Quiero decirte que te extraño, que extraño nuestra vida juntos, que permanece tu forma en el sofá y en mi corazón. Que aún no llegó quien lo deforme y lo adapte a un nuevo inquilino.

Pero no es así.

Hoy mis amigos me dicen que estoy mejor que nunca. Que estoy brillante, más guapa, más alegre, más graciosa. Que me saqué una sombra de encima, que la libertad me hace bien.

Pero no es así.

Hoy te digo que no me siento, que no me hallo. Que mi nuevo yo está incómodo en este sofá de una plaza con olor a nuevo que no elegí.

divendres, 20 de març del 2015

El día de mi 32 cumpleaños, en que no cambió nada



El día de mi 32 cumpleaños, en que no descubrí nada.


Me levanto de la cama como un día más. Mi novio me abraza y me dice por cuarta o quinta vez “feliz cumple”. Me pregunta cuáles son mis planes para hoy: trabajar. Nada muy loco, nada fuera de lo habitual.

Me fijo en el horario de clases del gimnasio, tal vez me quiero dar un homenaje de auto cultivo del cuerpo, decirme que como hoy es mi día me voy a dedicar a sentirme más flaca, más sana, a ver si hay alguna clase de zumba para al menos bailotear un poco. Nada. Las mismas clases que el viernes pasado. Obvio, no va a haber una agenda especial por ser mi cumple.
Me ducho. Me pongo mi poyera favorita, la más larga y holgada, se podría decir que la misma que uso prácticamente todos los días desde que empezó el verano. Y hoy puede convertirse también en la que uso desde que empezó el otoño.
Libero mi escritorio de las capas de mugre que acumulo sobre cualquier superfície plana en mi rincón de la casa, porquerías varias, la mayoría de las cuales terminan siendo depositadas en otra superfície plana de la habitación.
Cenaré en un lugar lindo con mi novio y un par de amigas empeñadas en acompañarme hoy por mi cumple. Se lo agradezco a los tres. Lo mismo de cada viernes, casi, pero hoy es mi cumple.
No espero regalos. Cuando era chiquitita le decía a mi mamá “Felicidades mama”, y eso yo ya lo consideraba EL regalo. Total, ella es la madre, y su roll es el de encargarse de los regalos de la familia, el mío es el de darle un beso y hacerle un dibujo. Hoy yo no soy madre, y mi regalo es un “Feliz cumple amor” con un abrazo y un beso, y un “hoy es tu día, vos decidís qué querés hacer”. La verdad es que siempre decido qué hacemos, sea 20 de marzo o sea cualquier viernes del año.
Satisfactoriamente siento un profundo sosiego, paz, tranquilidad, cero ansiedad. Gracias al pedacito de alprazolam que sabiamente me tomé anoche antes de dormir. Una de las cosas buenas que tiene la edad es el poder acumular un fondo de botiquín para cuando se te resfría el cerebro. Y la sabiduría y tranquilidad de poder utilizarlo sin drama, como cuando uno se pone protector solar antes de ir a tomar sol, simplemente porque sabe lo que pasaría si no lo hiciera. Así que me tomo mi cuartito de aceprax y hoy me siento con la garantía de estar bien.
Como decía, en mi 32 cumpleaños no espero regalos, porque sé que ya tengo de todo y en casa no hay lugar para más trastos. Pero sí los deseo, extraño la emoción de rasgar un envoltorio misterioso que esconde una sorpresa. Cuando sos grande no te envuelven los regalos. Te los dan en la bolsa de la tienda donde fueron adquiridos y te dicen “Feliz cumple, dentro está el ticket de cambio”. Ser grande te enseña que por muy considerado que parezca quedarse con los regalos que no te gustan, porque se valora más el gesto que el objeto, la verdad es que es un desperdicio de plata y no hay nada de malo en cambiarlo por algo que sí vayas a usar. Ser grande también es ser práctica. Si hoy me preguntaran qué quiero que me regalen, sea lo que sea, respondería que quiero que alguien venga y me limpie la casa a fondo. Ése sería mi mejor regalo hoy.


Este texto no tiene conclusión ni moraleja.