dilluns, 21 de novembre del 2011

Mercromina



De niña, a mi padre no le gustaba nada que yo entrara en la cocina mientras la estaban usando. “¡La mayoría de accidentes domésticos suceden en la cocina y es por dejar entrar a los niños!”, me decía , y con razón.

Yo, crecí con las rodillas llenas de crostas, y en mi caso no era exclusivo de los veranos en pantanloncito corto. Pongamos que, aún a los 28, sigue siendo un clásico en mi. Al mejor estilo “Jesulín”, cuando me enfundo una mini en verano, explico con humor como esa herida me la hice bajando por la Diagonal en patines, a los 24, y muestro el complemento, la cicatriz en el antebrazo que atestigua y acompaña el relato “y esto, mientras intentaba aferrarme a un banco para frenar”.

Y es que las heridas y consecuentes cicatrices, como ya dije, no son exclusivas de los veranos en shorts, ni de la infancia. Lamentablemente (o no) una sigue dejándose llevar por impulsos de euforia, locura eventual y efímera, que termina con los dientes fregando el piso, hipotética y literalmente. Las cicatrices cada vez tardan más en curar, cosas de la edad. Como mayor te haces tu cuerpo se regenera más despacio. Y mientras evalúo el último rasguño, me vienen a la mente todas las anteriores caidas que bien me tenían que haber servido, como mínimo, para aprender a andar con la boca cerrada (como diría mi madre).

Pero es que yo (regalito divino) además de torpe, soy amnésica selectiva. Dicen los médicos y la cultura popular que, una situación traumática puede ser bloqueada por la mente para ser incapaces de volver a recordarla, como medida de supervivencia, parece ser. En mi caso se trata de una medida kamikace.

Aprendí a no correr si no es de necesidad suprema, a recordarme no torcer la punta de los pies para adentro mientras camino (para no hacerme la zancadilla a mi misma), a dejar sobre una superficie estable los objetos frágiles si es que mi atención va a ser requerrida por otro foco durante un rato, a no llevarme líquidos al sofá, a mirar por encima de mi cabeza cada vez que me levanto de recoger algo, etc.

Sin embargo, no sé por qué (esto dicho con tono de “sí sé por qué”) en otros aspectos de la vida aún no aprendí a decirme “esto no puede volver a pasar”. Tal vez sea porque para eso, ya están los demás.

dijous, 13 d’octubre del 2011

Reina ideal

Montevideo, 13 de octubre de 2011.

Terminando de castigarme. Arrancamos con el vino, son 18:35h en el reloj de la compu. Un dia nada productivo, según los estándares de lo políticamente correcto. Un dia muy provechoso según los mios.

Atracón de bizcochos, dos cafés de sobre, y presiesta de tres horas. Obviamente, después de tres horas se convirtió en Siesta, y.

Almuerzo un plato de puro carbohidratos (sí, también hablo así porque vivo a dieta), o lo que viene a ser para el pueblo llano, un plato de macarrones con queso. De postre, los ojitos que no me pude terminar de mañana. ¡Y sí, escribo con cola de paja! Y mientras, miro la copa de vino, que está demasiado frio.

Quiero agradar a todo el mundo, y termino desagradando a la persona que más me importa y la única de quien tengo la certeza que me va acompañar hasta el final: yo misma.

“Tal vez debiera moldear mi pelo

Tal vez debiera agrandar mi pecho

Tal vez debiera esculpir la cintura

Tal vez debiera tachar mis arrugas

Tal vez debiera comprar otra ropa

Tal vez debiera vestir a la moda

Tal vez debiera pintarme los ojos

Tal vez debiera reir de otro modo

Hasta ser tu reina ideal.

Puedo ser tu reina ideal.

Quiero ser tu reina.”

Circodelia - Reina Ideal.