Semana V
Cuenca, 4 de junio de 2009.
La semana V no podía haber empezado mejor, y es que cuando la morriña amenaza y la tierra llama todos nos volvemos de repente de un patriótico inusual. El miércoles el Barça ganó su tercera Champions y obviamente no me podía perder tal evento. Aunque el partido aquí se emitía en abierto con la diferencia horaria en Ecuador era la hora de la siesta y no me quise arriesgar a que mi primito de 3 años se acordara de que necesitaba ver el dvd de Tico-Tico para dormir. Así que me fui para el mall de San Marino (let's go to the mall, today!) con mi paciente amiga Andrea. Estaba tan pero tan petado aquello que no nos dejaron entrar en ningún garito a ver el partido sin haber hecho reserva y tuvimos que verlo a través de la puerta de cristal del Friday's, de pie, pero rodeadas de muy buen ambiente, no fuimos las única que nos quedamos sin acceso al palco. Después me fui a encontrar con mis amigas israelitas que estaban de paso por Guayaquil y de nuevo despedirme de ellas, ya sí que definitivamente, poco a poco se van volviendo a su casa y cada vez es más difícil pensar en que me las pueda volver a cruzar en la carretera.
El sábado por la mañana me fui con el grupo de CS de Guayaquil (gracias por todo, ¡sois l@s mejores!, sin vosotr@s estas semanas serían tan distintas...) a celebrar el Día de la Infancia en una escuela de una zona “difícil” con algunos niños. Me lo pasé en grande, a pesar de que quien me conoce sabe que no me entiendo muy bien con esos enanitos de cara sucia, me volví a sentir un poco niña, participé en algún juego, y me reí mucho. Suena a tópico pero he de reconocer que el abrazo de esos niños, sus agradecimientos y sus besos, al final de todo, hicieron que algo dentro de mi pecho se moviera para no volver jamás a su lugar original. Fue una gran experiencia.
Después me regresé corriendo para Guayaquil porque tenía que tomar el bus de la noche con destino a Tena, en el oriente, para el lunes unirme a una excursión de 4 días por la selva. Sin embargo la naturaleza quiso que el domingo por la tarde estuviera de vuelta en la ciudad debido a la imposibilidad de atravesar algunos tramos de la carretera que había desaparecido por los deslizamientos de agua y rocas de la montaña. Después de dormir y descansar (el viajecito me había dejado molida, los años no pasan en balde) me vine para Cuenca de nuevo, qué mejor ciudad para reponerse. Iglesias y edificios coloniales, montañas, buen clima, buenos locales, La Barraca, y mi amigo Diego.
De ánimo: la vida es como una caja de bombones. De salud: esquivando la gripe.
muy bonito todo, muy bonitas las fotos, me alegro mucho de verte feliz.un besazo
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