dijous, 16 d’abril del 2009

¿Susto o muerte? Parte III.

Como era de esperar en este tipo de situaciones no llegamos a tiempo de cruzar el pueblo antes del bloqueo de carreteras. El chófer del autobús (para cuyo energúmeno aún no se me ocurre ningún calificativo a la altura de su actuación), aún sabiendo que no llegaba tiempo decidió arriesgarse (y de paso ponernos a todos los pasajeros en el mismo riesgo) e intentar pasar los bloqueos de rocas que a tramos se complementaban con neumáticos ardiendo (en uno en particular habían echado el esqueleto de lo que parecía ser un caballo) o, directamente, con manifestantes armados con piedras dispuestos a usarlas como armas arrojadizas. Quiero aclarar que en el bus no sólo íbamos turistas sino que también viajaban ancianos y bebés. Pues bien, el conductor tardó 4 horas en decidirse a plantarse y comunicar al resto de viajeros que no podía hacer nada más y que esperaba que estuviéramos preparados para pasar los dos siguientes días en el autocar estacionado en un peaje en medio de Los Andes. Para entonces eran las 4h de la mañana del lunes. A las 5'30h los turistas decidimos no resignarnos a tan bizarra situación y nos echamos a andar en dirección a Cusco (a unos 100 km) con la esperanza de encontrar alguna salida. Las siguientes 10 horas del lunes las pasamos caminando, con nuestras mochilas a cuestas, haciendo alguna parada de unos 15 minutos para comer, de nuevo, un poco de pan y bananas al principio, racionando una botella de agua entre los cuatro (Rafa, Melanie, Lara y yo) ya que era todo lo que podíamos pagar con el dinero que llevábamos encima, y cuando la comida se terminó simplemente parando para descansar los pies. Además teníamos que guardar unos cuantos soles para pagar a los dos improvisados taxistas voluntarios que se atrevieron a acercarnos unos kilómetros antes del siguiente bloqueo o piquete de agricultores exaltados. Es más, llegamos a pagar a un niño de no más de 14 años para que cargara en su carromato a pedales con nuestras mochilas mientras nosotros caminábamos a su lado. Durante esas diez horas nos llovió a ratos y a ratos nos hizo un Sol castigador. Sobre las 15'30h llegamos por fin a Urcos, un supuesto gran pueblo con banco y cajero automático a partir del cual, nos habían asegurado, ya no había más bloqueos por carretera y los taxis y buses iban y venían alegremente de Cusco. Tardamos veinte minutos en comprobar que:
1º El cajero automático sólo aceptaba las tarjetas de esa misma entidad.
2º El personal del banco no podía (o no quería) sacar dinero de nuestras tarjetas.
3º No había ninguna tienda ni restaurante donde se pudiera pagar con tarjeta.
4º El bloqueo de carreteras se recrudecía especialmente en los alrededores de ese pueblo al ser el más grande de los más cercanos a Cusco (aún a unos 60 kilómetros).
5º Nadie del pueblo nos iba a ayudar.

Sobre las 17h logramos subir al primer autobús cuyo chófer decidió arriesgarse a pasar los bloqueos y llevar a la mayor cantidad de gente posible atrapada en ese pueblo hasta Cusco. Desde entonces y hasta las 21h aproximadamente en que logró por fin emprender la marcha de forma casi ininterrumpida hasta nuestro destino se sucedieron varios intentos de atravesar bloqueos, en ocasiones bajo la amenaza de una lluvia de piedras de los agricultores que se había ocultado en la montaña para poder atacar a quien intentara saltarse las barreras, ya fuera un motorista como un coche con una familia. Sobra decir que la policía se limitó a escuchar las historias que les llegaban sobre altercados en las inmediaciones y que en ningún momento pretendió velar por la seguridad de nadie (salvo la suya propia). En algún momento durante esas cuatro horas, víctimas del cansancio y el hambre nos rendimos al sueño acumulado y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo para no pensar más en qué podríamos hacer si nos teníamos que quedar durante dos días en ese pueblo sin dinero caímos en un profundo sopor del que despertamos, por fin, en Cusco. Eran las 23'30h.

Habíamos tardado 30 horas en llegar, pero por fin estábamos en “casa”. Primera parada obligada: el cajero automático, bajo la vigilancia del mozo del bus que no pensaba alejarse de nosotros sin sus dos soles por persona. Segunda parada obligada, una chifa. Un restaurante chino-peruano donde devoramos un plato de fideos con frutas y pollo que nos supo a manjar.
Aún, tres días después, noto que se me empañan los ojos cuando rememoro el miedo y el cansancio que pasé el lunes y todavía me estoy recuperando físicamente, pero ya todo pasó. El martes a medio día me fui con Lara y Melanie a hacernos un masaje de pies a cabeza por 15 soles "¿Lo quiere suave, medio o fuerte?"- "Fuerte, fuerte" le dije a la masajista de metro y medio y unos 40 kilos que se tenía que subir de rodillas a la camilla para hacer presión sobre mi espalda amoratada. Después un tiramisú en el 2x3 y un matecito de coca. Ayer por la tarde nos fuimos a aprender a hacer artesanias, mi profesora tenía como 13 años ^_^. Pronto colgaré fotos.
Esta tarde (hora cusqueña) me voy para Ollantaytambo y mañana por la mañana subiré al Machu Pichu. Ah! A todo esto, Pancho se portó en todo momento como un valiente (claro, como él no come...).
Besito.
Nuri.

1 comentari:

  1. cuidate mucho,cuidate mucho, cuidate mucho....Lleva los ojos bien abiertos y te cuidado

    ResponElimina