dimecres, 15 d’abril del 2009

¿Susto o muerte? Parte II.

¿Susto o muerte? Parte II.

El domingo de buena mañana enfilé hacia el puerto de Copacabana, en el lago Titicaca, para embarcar hacia la Isla del Sol y hacer el recorrido de 3 horas por esa isla “preciosa” desde el puerto Norte hasta el puerto Sur. No sé en qué punto de la conversación con la agencia de turismo entendí que era un paseo de 3 horas...tengo que empezar a hacérmelo mirar porque este tipo de malentendidos están empezando a pasarme factura de una manera preocupante. El paseo resultó ser una caminata sin descanso y a contra reloj, pues 3 horas era el tiempo máximo que tenía para recorrer la isla de punta a punta antes de que saliera el único barco de vuelta a Copacabana, por un camino de cabras, o mejor dicho, un camino construido por una civilización pre-inca, montaña arriba y abajo (que me pregunto yo por qué no hacían caminos que rodearan las montañas) sorteando soretes de burro más o menos frescos y su olor (el olor no se puede esquivar), sin comida ni agua, bajo un Sol que ya le podían bien venerar los antiguos pobladores, y con los actuales vecinos isleños asaltándote cada por tres para pedirte primero unos bolivianos, si no colaba entonces te pedían unos caramelos y si tampoco había suerte terminaban por pedirte la hora (no me preguntéis qué tenía que ver). Como buena ratona me llevé un poco de provisiones “por si me entra el hambre” así que en todo el día pude comer dos bollos de pan, dos bananas y una manzana.
Al volver a la ciudad se suponía que aun tenía una hora de tiempo para poder comer algo antes de salir para Cusco, pero en la agencia nos estaban esperando para subir al autobús lo antes posible pues se había declarado un paro a las 12h de la noche en Perú que cortaba las carreteras de acceso a Cusco. Tuve tiempo de hacer un pis y enfilamos para la frontera.

Una vez en Puno, última ciudad más o menos modernizada (esto es, que tiene cajero automático) cambiamos de autobús y subimos en el que nos tenía que dejar en nuestro destino sobre las 5 de la mañana. En la cola de acceso al bus se me volvió a dar uno de esos casos excepcionales de mezcla entre casualidad y suerte que tanto le gustan a mi hermana Lau. Lara, del País Vasco, que viajaba con sus amigos Melanie (Alemania) y Rafa (Perú) y que en algún momento se había dado cuenta de que yo también era española, se me acercó para pedirme el favorcísimo de prestarle 70 bolivianos para pagar parte de su pasaje para Cusco, ya que como es habitual (y a mi ya me había pasado en algún otro momento) al cruzar la frontera a menudo cometes el error de llevar la menor cantidad de dinero posible confiando en que pronto encontrarás un cajero y podrás aprovechar para ya sacar dinero con la moneda del nuevo país. Quiso la casualidad que Rafa fuera uno de los dueños de un nuevo hostal en Cusco y que yo no tuviera ninguna reserva hecha, mi buena acción tuvo su recompensa inmediata en forma de un descuento en su hostal y, por supuesto, de que me hiciera el check-in a las 5h de la mañana. Ninguno se podía esperar lo que nos deparaba ese billete de autobús.
A las 21'30h de la noche aún estábamos a 3 horas del pueblo en el que empezaba el bloqueo de 48 horas en las carreteras anunciado por la cooperativa de agricultores peruanos. Mientras el chófer hacía tiempo para ocupar el máximo de asientos posibles notamos que los viajeros autóctonos se ponían nerviosos y algunos empezaron a gritar “¡que no vamos a pasar, que no vamos a pasar!”. La cuestión era que si no lográbamos pasar por Cusipata antes de las 12h a.m. no había posibilidad de llegar a Cusco hasta que se terminara la huelga y, la última vez, ésta había durado 8 días y se había cobrado varias vidas entre manifestantes y policías.

1 comentari:

  1. yo tambien me llevo susto, te mucho cuidado y procura mantenerte alejada de las complicaciones. un besote

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