dijous, 30 d’abril del 2009
En casa
De salud bien, de ánimo requete!
dimarts, 28 d’abril del 2009
¿¿¿¿¿Susto o muerte otra vez?????
Bueno, the history remains y mi manía de llevar unas braguitas de más y pan y fruta "por si acaso" a veces no es tanto una manía como una llamada al destino para que me de la oportunidad de utilizarlo y no quedar como una prudente exagerada. Resulta que cuando sólo me quedaban 6 horas para llegar a Guayaquil, 6 horas después de 21 que ya llevaba y 6 películas dobladas al "sudamericano" se ha declarado un bloqueo indefinido en la aduana de acceso a Ecuador para protestar por la retención de los productos perecederos importados de Perú. Cuánta razón tenía Rafa cuando me dijo "no nos subestimes a los peruanos, entre Lima y Guayaquil aún hay muchos kilómetros", aunque esta vez el paro está apoyado por las dos partes. Hace un calor asfixiante, pero en el autobús es peor ya que el conductor no quiere gastar combustible para mantener el aire acondicionado encendido y estamos sentados en la vereda cobijándonos en la sombra que proyecta el autocar. Estoy bien, aún tengo pan, plátanos, una mandarina, chocolate (a estas alturas derretido), dólares, soles y euros. Bien me puedo montar un negocio oportunista en la frontera.
De ánimo todavía bien, ya me lo tomo con humor y no pienso echar a andar. Todo termina pasando. De salud también bien.
dilluns, 27 d’abril del 2009
El Viaje: 2ª etapa.
Volveré a escribir desde Guayaquil. Le debo un blog a Lima y a José y a su familia que me han ciudado y mimado mucho.
De ánimo: emocionada. De salud: Bien.
Nuri.
dimarts, 21 d’abril del 2009
Pictures!
dijous, 16 d’abril del 2009
¿Susto o muerte? Parte III.
1º El cajero automático sólo aceptaba las tarjetas de esa misma entidad.
2º El personal del banco no podía (o no quería) sacar dinero de nuestras tarjetas.
3º No había ninguna tienda ni restaurante donde se pudiera pagar con tarjeta.
4º El bloqueo de carreteras se recrudecía especialmente en los alrededores de ese pueblo al ser el más grande de los más cercanos a Cusco (aún a unos 60 kilómetros).
5º Nadie del pueblo nos iba a ayudar.
Sobre las 17h logramos subir al primer autobús cuyo chófer decidió arriesgarse a pasar los bloqueos y llevar a la mayor cantidad de gente posible atrapada en ese pueblo hasta Cusco. Desde entonces y hasta las 21h aproximadamente en que logró por fin emprender la marcha de forma casi ininterrumpida hasta nuestro destino se sucedieron varios intentos de atravesar bloqueos, en ocasiones bajo la amenaza de una lluvia de piedras de los agricultores que se había ocultado en la montaña para poder atacar a quien intentara saltarse las barreras, ya fuera un motorista como un coche con una familia. Sobra decir que la policía se limitó a escuchar las historias que les llegaban sobre altercados en las inmediaciones y que en ningún momento pretendió velar por la seguridad de nadie (salvo la suya propia). En algún momento durante esas cuatro horas, víctimas del cansancio y el hambre nos rendimos al sueño acumulado y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo para no pensar más en qué podríamos hacer si nos teníamos que quedar durante dos días en ese pueblo sin dinero caímos en un profundo sopor del que despertamos, por fin, en Cusco. Eran las 23'30h.
Habíamos tardado 30 horas en llegar, pero por fin estábamos en “casa”. Primera parada obligada: el cajero automático, bajo la vigilancia del mozo del bus que no pensaba alejarse de nosotros sin sus dos soles por persona. Segunda parada obligada, una chifa. Un restaurante chino-peruano donde devoramos un plato de fideos con frutas y pollo que nos supo a manjar.
dimecres, 15 d’abril del 2009
¿Susto o muerte? Parte II.
El domingo de buena mañana enfilé hacia el puerto de Copacabana, en el lago Titicaca, para embarcar hacia la Isla del Sol y hacer el recorrido de 3 horas por esa isla “preciosa” desde el puerto Norte hasta el puerto Sur. No sé en qué punto de la conversación con la agencia de turismo entendí que era un paseo de 3 horas...tengo que empezar a hacérmelo mirar porque este tipo de malentendidos están empezando a pasarme factura de una manera preocupante. El paseo resultó ser una caminata sin descanso y a contra reloj, pues 3 horas era el tiempo máximo que tenía para recorrer la isla de punta a punta antes de que saliera el único barco de vuelta a Copacabana, por un camino de cabras, o mejor dicho, un camino construido por una civilización pre-inca, montaña arriba y abajo (que me pregunto yo por qué no hacían caminos que rodearan las montañas) sorteando soretes de burro más o menos frescos y su olor (el olor no se puede esquivar), sin comida ni agua, bajo un Sol que ya le podían bien venerar los antiguos pobladores, y con los actuales vecinos isleños asaltándote cada por tres para pedirte primero unos bolivianos, si no colaba entonces te pedían unos caramelos y si tampoco había suerte terminaban por pedirte la hora (no me preguntéis qué tenía que ver). Como buena ratona me llevé un poco de provisiones “por si me entra el hambre” así que en todo el día pude comer dos bollos de pan, dos bananas y una manzana.
Al volver a la ciudad se suponía que aun tenía una hora de tiempo para poder comer algo antes de salir para Cusco, pero en la agencia nos estaban esperando para subir al autobús lo antes posible pues se había declarado un paro a las 12h de la noche en Perú que cortaba las carreteras de acceso a Cusco. Tuve tiempo de hacer un pis y enfilamos para la frontera.
Una vez en Puno, última ciudad más o menos modernizada (esto es, que tiene cajero automático) cambiamos de autobús y subimos en el que nos tenía que dejar en nuestro destino sobre las 5 de la mañana. En la cola de acceso al bus se me volvió a dar uno de esos casos excepcionales de mezcla entre casualidad y suerte que tanto le gustan a mi hermana Lau. Lara, del País Vasco, que viajaba con sus amigos Melanie (Alemania) y Rafa (Perú) y que en algún momento se había dado cuenta de que yo también era española, se me acercó para pedirme el favorcísimo de prestarle 70 bolivianos para pagar parte de su pasaje para Cusco, ya que como es habitual (y a mi ya me había pasado en algún otro momento) al cruzar la frontera a menudo cometes el error de llevar la menor cantidad de dinero posible confiando en que pronto encontrarás un cajero y podrás aprovechar para ya sacar dinero con la moneda del nuevo país. Quiso la casualidad que Rafa fuera uno de los dueños de un nuevo hostal en Cusco y que yo no tuviera ninguna reserva hecha, mi buena acción tuvo su recompensa inmediata en forma de un descuento en su hostal y, por supuesto, de que me hiciera el check-in a las 5h de la mañana. Ninguno se podía esperar lo que nos deparaba ese billete de autobús.
A las 21'30h de la noche aún estábamos a 3 horas del pueblo en el que empezaba el bloqueo de 48 horas en las carreteras anunciado por la cooperativa de agricultores peruanos. Mientras el chófer hacía tiempo para ocupar el máximo de asientos posibles notamos que los viajeros autóctonos se ponían nerviosos y algunos empezaron a gritar “¡que no vamos a pasar, que no vamos a pasar!”. La cuestión era que si no lográbamos pasar por Cusipata antes de las 12h a.m. no había posibilidad de llegar a Cusco hasta que se terminara la huelga y, la última vez, ésta había durado 8 días y se había cobrado varias vidas entre manifestantes y policías.
¿Susto o muerte? Parte I.
Cusco, Perú,14 de abril.
Nadie podía vaticinar el viernes pasado que la excursión a
Como muchos de los turistas que llegan a
Pues bien, el viernes en cuestión amaneció lloviendo, precipitación que a medida que subíamos al inicio de la carretera se convertía en nieve, y una vez en el suelo, en hielo. Las dos primeras horas del recorrido, que son sobre carretera asfaltada y entre los coches y camiones conducidos por los nada ortodoxos bolivianos, las bajé intentando ver los socavones del suelo a través de mis gafas de sol empapadas y empañadas e intentando imaginarme el supuesto paisaje verde y precioso que, me habían explicado, había detrás del manto blanco de nubes que nos rodeaba.
Después llegamos al inicio de la carretera de verdad famosa y peligrosa. Uno se da cuenta porque, a parte de que prácticamente los únicos inconscientes que la transitan son grupos de turistas ataviados con los colores del equipo de su correspondiente agencia de turismo, la vía se convierte en un camino serpenteante de tierra (el viernes era barro) y piedras angostas del tamaño de un mango, que en ocasiones no mide más de un metro y medio de ancho (el camino). Empezamos la bajada con la montaña a un lado y el blanco precipicio de niebla al otro. No sabría decir si el no poder ver más allá de dos metro de profundidad del acantilado lo hacía más o menos tenebroso, pero sí puedo decir que el no poder ver más de cinco metros por delante es una putada. Afortunadamente (o no) la adrenalina sabiamente segregada por nuestro organismo ayuda a contrarrestar el bloqueo del instinto de supervivencia inicial, haciendo que a medida que agarras velocidad aquello te parezca excitante y hasta divertido. Como no podía ser de otra manera me caí. En el tramo final y a no sé qué velocidad, tuve la suerte (de nuevo el factor suerte) de derrapar hacia el exterior de una curva que se cerraba hacia el precipicio. Gracias al casco no me abrí la cabeza (cuando vuelva a Barcelona pienso comprarme uno) y gracias al resto del equipo los daños mayores se quedaron en apenas unos rasguños y moratones. A pesar de todo, gracias a la absurda sensación de subidón de la puñetera adrenalina terminé el tramo más feliz que una perdiz.
He de decir que si llego a saber antes que iba a ser así no me hubiera apuntado, aunque ahora me sienta orgullosa de haberla concluido.
Al final de la salida nos obsequiaron con un CD con las fotos y videos de la jornada (que ya subiré cuando pueda) y con la camiseta obligada de “I'm a Death Road survivor”.
Por la noche tocó fiesta de despedida de las chicas israelís con las que estuve en casi todo el viaje por Bolivia de las que nunca me olvidaré a las que quiero un montón, (Hadash, Tal, Liron, Gili, Gal y Dafna, I'll miss you!!! Nur) nos alargamos hasta más allá de las 3 de la mañana aún sabiendo que me tenía que levantar a las 5h para tomar el bus que me llevaba hasta Copacabana (Copacabana de Bolivia, ojo, no de Brasil, qué más quisiera yo...), último destino boliviano antes de cruzar la frontera peruana...