En la semana sexta y parte de la séptima me instalé en casa de mis tíos Cristóbal y Yolanda. Lo pasé muy bien allá con ellos, con mi primo Kevin y no tan bien con pequeño león “Wisi” xD.
Julie organizó una súper cena francesa con productos que le había mandado su familia y que quiso compartir con todos nosotros en la casa de Jana, que muy amablemente (demasiado!) y junto a su mamá nos abrió las puertas de su hogar, su cocina, su terraza, en fin, que se la invadimos los CS de Guayaquil a ritmo de salsa y cumbia, y más tarde a grito pelao con el karaoke, mientras otros daban un toque circense al ambiente con demostraciones de piro-malabarismos.
El martes hicimos cena y farra de despedida, parece ser que estamos en estación de partidas y despedidas, sobra decir que lo pasé en grande, para muestra las fotos.
El miércoles aprovechando el cumpleaños de mi abuelito me terminé de despedir de mi familia. Esta vez la emoción fue mucho más sosegada que la última. La experiencia de saber que por muy difícil que parezca cuando uno menos se lo espera puede encontrarse de repente preparando de nuevo una visita a Ecuador me ayudó mucho a tomármelo de una forma más alegre, feliz de poder estar ahí de nuevo, aunque fuera diciendo “Hasta luego”, pero ahí.
El viernes amanecí en Buenos Aires. Y...¿me atreveré a decirlo? ¡Me sentí feliz de estar aquí de nuevo! Dicen que hace frio, la gente anda por la calle con abrigos dignos de una estación de esquí quejándose de que lo que mata es la humedad. Pero yo me siento bien, el Sol no ha dejado de salir ni una mañana desde que estoy aquí, entra por la ventana y me calienta los bracitos mientras tomo un matecito, escucho funk y escribo en mi laptop.
Me he reencontrado con amigos, con mi querido Juan Pablo “Tano” (rey!), con mi también querido Edu, con mi irreemplazable Lautaro, con mi adorada niña Sonia (la sorpresa de la semana!!!), y aún estamos en ronda de contactos.
Para sorpresa mia me entero de que este viernes Xoel López toca, de nuevo, en Buenos Aires, y yo ya no sé si terminar de encomendarme a las estrellas, al destino, o a lo que sea, me siento feliz de que todavía haya cosas que me dejen con la boca (felizmente) abierta.
Ahora suena musiqueta brasilera de fondo, vamos vamos que me pilla el toro y hoy cocino para Sonia (pobre! No sabe a lo que se expone).
De ánimo: “Ningú ho ha demanat però fa un gran dia!”. De salud: pues a ratos acatarrada, a ratos no.
Nuri.