El Pinar, Uruguay. 14 de marzo.
Uhm... todo se ve de otro color y todo huele distinto aquí en Uruguay. Llevaba días dándole vueltas al anunciado post sobre La Administración en Buenos Aires, y ahora que lo pienso en frio, relajada a 10 horas de omnibus de esa gran ciudad donde “parece que el mundo se está enfadando y la gente en las calles ya no atiende a razón” me parece simplemente una anécdota exacerbada por los malos humos que estaban llenando mi pequeña e influyente cabeza. Realmente no creo que el concepto sobre ecología y reciclaje en Argentina sea muy distinto que el que tenemos (algunos) en España, en nuestra burbuja/dictadura de higiene y seguridad, sino que más bien se trata de que aquí las personas tienen otros asuntos de mayor urgencia que atender. Aún así he necesitado huir de nuevo, casi salir corriendo, y sustituir las baldosas rotas con charco sorpresa por los caminos de arena y hierba, los taxis intimidatorios por las bicicletas, los atronadores camiones de la basura nocturnos por , como mucho, los perros de Laura. Mi Laura, mi hermana en Uruguay, mi gurú y mi ángel de la guarda, dulce compañía.
Buenos Aires, 18 de marzo.
De vuelta en la ciudad que me pone la cabeza loca (¡copón!) con las pilas un poquito más cargadas después de pasar 5 días en mi particular paraíso. Ya he encontrado donde quiero pasar la mayor parte del tiempo, quiero estar en Uruguay. Tal vez algún día pueda permitirme pasar un poquito más de tiempo en ese país verde donde aparentemente la gente se toma el estrés diario y los problemas de otra manera, un poco más filosófica, hablan de energías, de piedras, de estrellas, de naturaleza. En estos días en que he intentado desconectar un poco he visitado la Feria de Tristan Narvaja con Laura y Goretti, hemos visto la puesta de Sol de Montevideo, hemos subido en el Galeón del parque de atracciones y hemos vuelto a ser niñas por unos minutos (“la la la la”). Practiqué mis nuevos conocimientos culinarios con considerable éxito, visité Colonia, fui testigo de preciosas tormentas eléctricas nocturnas allá en el horizonte (¡y de otras justo encimita nuestro!) y me compré alguna que otra alaja.
Esta noche me espera, de nuevo, concierto de Xoel López, me llamaréis pesada pero mientras él no interponga una orden de alejamiento pienso estar en primerísima fila entonando cada una de sus canciones, menos las nuevas, que espero sabérmelas ya para la semana que viene. La semana pasada me preguntó si tenia alguna petición especial, le pedí Song for Ana, a ver si hay suerte.
De ánimo: intentando impermeabilizarme. De salud: me acatarré pero ya lo estoy superando.
Próximamente: mi cumpleaños en el Mitos Argentinos, como no podía ser de otra manera.
Ayer fue el cumpleaños de Tano. Tano, lo dicho, te quiero mucho y me siento orgullosa de ser tu amiga. Enhorabuena por poder celebrar tu cumpleaños a lo nómada, yo este viernes haré lo mismo.
Uhm... todo se ve de otro color y todo huele distinto aquí en Uruguay. Llevaba días dándole vueltas al anunciado post sobre La Administración en Buenos Aires, y ahora que lo pienso en frio, relajada a 10 horas de omnibus de esa gran ciudad donde “parece que el mundo se está enfadando y la gente en las calles ya no atiende a razón” me parece simplemente una anécdota exacerbada por los malos humos que estaban llenando mi pequeña e influyente cabeza. Realmente no creo que el concepto sobre ecología y reciclaje en Argentina sea muy distinto que el que tenemos (algunos) en España, en nuestra burbuja/dictadura de higiene y seguridad, sino que más bien se trata de que aquí las personas tienen otros asuntos de mayor urgencia que atender. Aún así he necesitado huir de nuevo, casi salir corriendo, y sustituir las baldosas rotas con charco sorpresa por los caminos de arena y hierba, los taxis intimidatorios por las bicicletas, los atronadores camiones de la basura nocturnos por , como mucho, los perros de Laura. Mi Laura, mi hermana en Uruguay, mi gurú y mi ángel de la guarda, dulce compañía.
Buenos Aires, 18 de marzo.
De vuelta en la ciudad que me pone la cabeza loca (¡copón!) con las pilas un poquito más cargadas después de pasar 5 días en mi particular paraíso. Ya he encontrado donde quiero pasar la mayor parte del tiempo, quiero estar en Uruguay. Tal vez algún día pueda permitirme pasar un poquito más de tiempo en ese país verde donde aparentemente la gente se toma el estrés diario y los problemas de otra manera, un poco más filosófica, hablan de energías, de piedras, de estrellas, de naturaleza. En estos días en que he intentado desconectar un poco he visitado la Feria de Tristan Narvaja con Laura y Goretti, hemos visto la puesta de Sol de Montevideo, hemos subido en el Galeón del parque de atracciones y hemos vuelto a ser niñas por unos minutos (“la la la la”). Practiqué mis nuevos conocimientos culinarios con considerable éxito, visité Colonia, fui testigo de preciosas tormentas eléctricas nocturnas allá en el horizonte (¡y de otras justo encimita nuestro!) y me compré alguna que otra alaja.
Esta noche me espera, de nuevo, concierto de Xoel López, me llamaréis pesada pero mientras él no interponga una orden de alejamiento pienso estar en primerísima fila entonando cada una de sus canciones, menos las nuevas, que espero sabérmelas ya para la semana que viene. La semana pasada me preguntó si tenia alguna petición especial, le pedí Song for Ana, a ver si hay suerte.
De ánimo: intentando impermeabilizarme. De salud: me acatarré pero ya lo estoy superando.
Próximamente: mi cumpleaños en el Mitos Argentinos, como no podía ser de otra manera.
Ayer fue el cumpleaños de Tano. Tano, lo dicho, te quiero mucho y me siento orgullosa de ser tu amiga. Enhorabuena por poder celebrar tu cumpleaños a lo nómada, yo este viernes haré lo mismo.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada