Hasta ahora la relación de convivencia más larga que he tenido en la vida ha sido, y sigue siendo, con mi lavarropas.
La única vez que dejó de funcionar fue cuando me fui de viaje este pasado diciembre, y hay que elogiarle que eligió tomarse sus vacaciones a la vez que yo, eso es planificar.
Pero no me avisó, y reconozco que cuando volví a casa lo encontré en ese estado de querer pero no poder terminar con lo programado, me asusté. Sinceramente entré un poco en pánico. Temí que fuera la tan conocida estrategia para dejarme de "mirá que intento que esto funcione, pero simplemente no puede ser." Mi primer impulso fue de suma frustración, traté de hacerlo reaccionar con golpes. No estoy orgullosa de mi reacción pero es lo que siempre vi en casa, de niña, y a veces daba resultado.Pero esta vez no.
Le dí unos días, y me los dí a mi también para reflexionar, me dije "vamos Nuria, ya nos ha pasado antes, no cometas los mismos errores".
Traté de no obsesionarme con mi nuevo estado, no hay por qué ponerle etiquetas a todo, no es blanco o negro, todo o nada, poseedora de lavarropas o usuaria de lavadero. Decidí capear la situación y lo urgente lo mandé al lavadero. Fui a uno nuevo (nuevo para mi) que no estaba abierto ni tenía ningún cartel con el horario a la vista. De nuevo me hizo pensar ¿tengo ganas de enrolarme en esto? ¿tengo ganas de establecer una nueva relación con este lavadero cuyos usos y costumbres desconozco? ¿Será éste mi "bueno por conocer" que dice el refrán? Mientras reflexionaba sobre esto (y conste que para mi esto es NO OBSESIONARSE), hice aquello en lo que todas caemos en nuestros momentos de soledad y debilidad: busqué el teléfono de mi antiguo lavadero, y sí, aún lo tenía en mis contactos, y sí, aún atendía a domicilio. "Si lo usé antes por algo era -me justifiqué- y si lo dejé de usar, también fue por alguna razón que ahora mismo no me sirve recordar".
El reencuentro fue soñado, fue puntual, amable, educado, cero reproches. Segundas partes no tienen por qué ser siempre malas, me dije.
En casa me seguía esperando el lavarropa, pasivo, agonizante. Consulté con un profesional: "señora, tiene arreglo, pero le va a costar $2400, y si no acepta el presupuesto, le cobro $500". Deseé vivir en una película porno.
De vuelta el dilema ¿nos damos una segunda oportunidad? ¿valdrá la pena el esfuerzo? ¡y qué hago con mi antiguo lavadero! Tendré que reconocer que simplemente lo usé en un momento de calentura...
Decidí darle una segunda oportunidad a mi relación de convivencia más larga hasta el momento. Por suerte siempre hay amigos dispuestos a ayudar, ya que a ellos también les hacía bien que yo tuviera esa relación.
Cuando volvió mi antiguo lavadero... lo supe al momento: ¡¡¡500 pesos de boleta!!! Nene, lo nuestro es historia.
